TORTUGUEANDO...

Alta Gracia, Papel Tortuga

Señal de alarma para el gobierno (editorial)

 

La vuelta de los alambres al arroyo Los Paredones cumple un mes. Avalado judicialmente por una medida cautelar que vence dentro de tres meses, el Country Potrerillo de Larreta reconoció a  través de sus abogados  que el curso de agua es público pero argumenta que “no para todos los públicos” reservándose el derecho de ser ellos mismos quienes decidan quién puede y quién no acceder al “su” espacio público.

 

Sin embargo, la cautelar no hizo más que reavivar el reclamo y re-indignar a la ciudadanía. Con más despliegue que en otras oportunidades, el grupo Todos por Nuestros Arroyos salió a la calle y llevó adelante una fuerte campaña de información y denuncia todas las tardes de la semana pasada. Atravesando un alambre cuando los semáforos daban el rojo, invitaron a los vecinos a expresarse por el uso público del arroyo tocando un bocinazo. Y fueron muchos. Fueron casi todos. Y los transeúntes dialogaron con quienes les acercaron volantes y también expresaron su bronca y apoyo a la lucha.

 

Y si bien desde hace tiempo distintos sectores han señalado la responsabilidad municipal por patear la pelota a la tribuna esquivando pronunciarse sobre el tema y creando una Comisión dilatadora, el vecino de a pie comienza a preguntarse en voz alta por qué el intendente no toma postura a favor de garantizar algo que desde el sentido común parece tan obvio: el acceso libre e irrestricto al espacio público.

 

El uso obsceno del agua para el riego de la cancha de golf cuando hay barrios que no tienen suministro regular, la ocupación privativa de un espacio que es de todos y la pasividad de los representantes democráticamente elegidos frente a estos atropellos amenazan por primera vez la popularidad de un gobierno municipal que ha sabido atender con cierta destreza varios reclamos populares que fueron surgiendo durante su gestión.

 

Walter Saieg, un amante de las encuestas y el análisis de la opinión pública, suele resolver con estos instrumentos en la mano. Es difícil imaginar que en su despacho no esté sonando la señal de alarma respecto al consenso generalizado que crece en nuestra ciudad exigiendo la liberación del arroyo, a riesgo de quedar pegado y pagar el costo por defender intereses contrarios al pueblo que gobierna.