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Osvaldo Bayer: “Hay que luchar desde las bases, por más democracia”

Con sus 86 vigorosos años, el historiador y luchador por los Derechos Humanos, Osvaldo Bayer, estuvo en la ciudad de Córdoba, la semana pasada, donde presentó en Cocina de Culturas y en el Colegio Monserrat, su obra teatral musical “Exilio”; brindó una charla en el Archivo Provincial de la Memoria sobre el tema del exilio, precisamente; y fue distinguido por la agrupación HIJOS (Hijas e Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), que lo nombró miembro honorífico de la organización.

Emiliano Peña Chiappero y Adrián Camerano estuvieron con Bayer y publicaron en la edición en papel de El Argentino del jueves 9 de mayo de 2013, la entrevista que (en una versión extendida) se comparte a continuación. Las fotos son de Victoria Degenaro.  

- Osvaldo, presenta en Córdoba a una charla y una obra teatral sobre el exilio. Cuéntenos de qué se trata, y qué reflexión le merecen los exilios post dictadura, por razones económicas por ejemplo.

La charla versa sobre datos, hechos reales sobre el exilio, los ocho años de exilio que sufrí primero por las tres A y luego por la dictadura militar. Y lo otro es más artístico, con otros sentimientos vividos en esos ocho años. En cuanto a los exilios por ejemplo del 2001, eso es la violencia de las sociedades actuales y la comprobación de que el capitalismo no resuelve ningún problema, ya que cada  20 años se vive una crisis.

- Es paradójico que ahora sean los europeos los que tengan que salir de su continente…

– Lo de Europa no tiene explicación, con Grecia por el suelo, Italia o España con una enorme desocupación, donde  el 50 % de la población joven no tiene trabajo. El único país que sale adelante más o menos es Alemania, pero hace algunos años que tiene 3 millones de desocupados. Uno se pregunta cómo la Humanidad no aprende de una buena vez. Digo, ¿por qué Naciones Unidas no llama a un congreso de economistas que se preocupen por hallar un sistema económico que pueda vencer todas estas crisis, que pueda terminar con la desocupación? Que pueda comprometer a las sociedades a tener un sistema económico humanista. Pero se sigue aplicando el mismo sistema con enormes injusticias. Por ejemplo en Alemania los gerentes de los bancos –y las revistas especializadas lo publican con orgullo – cobran 1 millón de euros por mes, y me pregunto: ¿qué hacen con esa cantidad de dinero por mes? Eso no es democracia. Yo sostengo como leitmotiv que mientras haya villas miserias, no hay democracia. Por lo menos que cada familia con hijos pueda tener una casa.

- Con esa frase sobre las villas miserias usted viene cerrando sus charlas. ¿Cree que esta que vivimos es una buena época para los planteos de fondo que usted hace? ¿Se siente acompañado en ello?

– Sí, me maravilla la época que vivimos. Después de ocho años de exilio perseguido por mis libros, me invitan de todos lados y he tenido grandes satisfacciones. En Esquel por ejemplo, donde en 1959 fui expulsado por Gendarmería a raíz de la fundación del diario La Chispa acusado de traer inquietud a la zona fronteriza. Y nada de eso era cierto, sólo que yo defendía los derechos de los Pueblos Originarios que eran allí muy explotados, igual que los trabajadores de la tierra. Y 55 años después me invitaron y la Municipalidad de Esquel, con el voto de todos los partidos políticos, me nombró ciudadano ilustre. Es como para no creerlo. La época ha cambiado y me da esperanza. Parece que vamos aprendiendo los argentinos.

- Como defensor de los pueblos originarios, ¿cómo analiza su situación actual? Por ejemplo lo que sucede con los Qom, en Formosa.

– Lo que sucede allí es una vergüenza. No sé cómo no se interviene la provincia. Porque la forma en cómo se los castiga, cómo se les roba la tierra. Y esos pueblos son muy trabajadores y no tienen sentido de la propiedad, todo es colectivo. Y además lo más hermoso que tienen es el respeto de la naturaleza, con un sentido de la ecología impresionante que no lo tenemos nosotros. Que en pleno siglo XXI sucedan estas cosas se explica por la avidez de los grandes terratenientes que quieren cada vez más y más. He exigido en varias notas que se intervenga esa provincia, luego de la huelga de hambre que hicieron los Qom en plena 9 de julio de la Capital Federal y no fueron recibidos por nadie. No les están dando los derechos que les corresponde.

- ¿Cuál es su caracterización del gobierno nacional?

– Trato de considerar las cosas buenas que ha hecho. Tengo 86 años y he vivido trece dictadores militares; todos murieron en las camas de sus residencias cobrando sueldos de generales y no les pasó absolutamente nada. Es más, por ejemplo Uriburu, que fue un fusilador de obreros, tiene un monumento a la entrada de la ciudad de Balcarce y nadie lo ha tocado. Y con este gobierno es la primera vez que veo dictadores en cárceles comunes. Eso es un paso adelante que ha dado nuestra democracia. Como también otras cosas, como la ley de medios y la discusión alrededor de ese tema. Y que se haya devuelto el dinero de los jubilados para que lo maneje el Estado, no tiene que haber empresas privadas hacer negocios con el dinero de nuestros abuelos. Pero tenemos que seguir luchando desde las bases, por más democracia.

- En su libro “En camino al paraíso” cita a Antonio Soto, líder de las huelgas patagónicas, quien dijo que “Si es para pelear, me quedo”. Le hago la referencia porque usted podría vivir cómodamente en Alemania, pero sigue viajando, sigue dando charlas, la sigue peleando. ¿Se referencia en todos  esos luchadores?

– Ha valido la pena la lucha de uno, ayudado por mucha gente también porque estamos logrando cosas. Ya en 22 ciudades argentinas se ha quitado el nombre de ese genocida que fue Roca, reemplazo por otros nombres que han traído realmente el progreso a la Argentina. Hace poco el intendente de Santa Rosa,  en La Pampa, me entregó la placa de la calle que antes se llamaba Roca y ahora se llama San Martín. Es un paso adelante que no tengamos más nombres de genocidas. Falta mucho y falta ganar la batalla que venimos dando hace 18 años, para que quiten el monumento en Buenos Aires a Julio Argentino Roca, que es el monumento más grande de Buenos Aires. A San Martín lo pusieron en un lugar apartado en Retiro, sobre un caballito flaco, y este genocida está en un brioso corcel en la Diagonal Sur, mirando directamente a la Casa de Gobierno. Además, ese monumento fue puesto por un gobierno no legal, elegido por el fraude patriótico. Fíjese que término argentino: se hacía fraude por patriotismo. El gobierno de Justo, y como el vicepresidente era hijo de Roca, le hicieron un monumento a su papá. Y nadie ha sido capaz de sacarlo. Cuando fuimos a verlo a Macri nos dijo como respuesta:”en historia, siempre hay que mirar para adelante”. La Historia está para que aprendamos de los errores del pasado, no para mirar para adelante.

GENTILEZA: EL ARGENTINO.

FOTOS: VICTORIA DE GENARO