CARGANDO...
  • Protestan empleados de Potrerillo

Sucesos

Arroyos: El mundo del revés (opinión)

A caballo de un hasta el momento indemostrable conflicto laboral, el gremio Utedyc encabezado por el dirigente Hugo Basélica opta por defender, de manera implícita y no tanto, los intereses del barrio cerrado Potrerillo de Larreta. El domingo 4 manifestantes identificados con banderas del gremio salieron al cruce de Pablo Catania y abortaron la anunciada limpieza del arroyo Los Paredones.

“El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela”.

Eduardo Galeano

Extraído de “Patas Arriba, la escuela del mundo al revés”.

 

Un policía fue espectador privilegiado, otros vecinos ocupados de los arroyos debieron retirarse y quien suscribe pudo gambetear la airada requisitoria del propio Basélica, identificado a posteriori por su rol en un conflicto al que llegó tarde, y mal. En resumen, un panorama insólito y evitable, impensable para un hermoso domingo de agosto en un lugar público, de todos.

La rica historia del movimiento obrero mundial registra pocos antecedentes de marchas realizadas el día de descanso y orientadas a defender las reivindicaciones de los patrones y no derechos laborales conculcados, que además no los hay a la fecha. Ese domingo 4 Alta Gracia sumó un poroto a esa extraña estadística, gracias al sindicato que agrupa a los trabajadores de entidades deportivas y civiles, que se manifestó a la vera del arroyo bajo el argumento de “defender la fuente laboral”. No reclamaron en la puerta del megaemprendimiento inmobiliario ni presentaron pruebas, datos, indicios sobre el supuesto riesgo; está a la vista que se trataba de impedir la limpieza y el libre tránsito por las márgenes del arroyo alambrado por el mismo barrio. Así, en rigor, lo que defendieron y defienden bajo la máscara del “riesgo laboral” es el “derecho” del barrio cerrado a disponer del curso de agua que atraviesa su propiedad.

Contra toda lógica de cualquier conflicto laboral (que, se insiste, no lo hay), Utedyc no se enfrentó a la patronal. Se manifestó sobre el arroyo, y con carteles críticos a quienes abogan por un uso sostenible, popular y democrático del espacio público. De los patrones, ni palabra.

Un día más tarde, tal como habían prometido, quienes se declaran damnificados por el libre tránsito en el espacio público recuperado salieron a las calles de Alta Gracia. De nuevo hubo críticas a quienes pretenden cuidar los arroyos, ausencia de cuestionamientos al empleador, y por lo menos dos novedades: la admisión de agresiones verbales en el episodio del día anterior, y fuertes cruces con medios de comunicación que piensan de otro modo. Una clase de democracia.

A tal punto no se enfrentó a la patronal el gremio Utedyc y sus representados, que en ambas manifestaciones los acompañó un empleado del country de alto rango, Roger Nicolli, representante del Potrerillo en la efímera “Comisión investigadora del escaso caudal de los arroyos”.

Mientras retumba el llamativo silencio que sobre el episodio han guardado los elegidos por el pueblo para representarlo (y sobre todo de algunos que semanas atrás caminaban los arroyos junto al colectivo referenciado en Catania), lo del domingo va sencillamente a contramano de los tiempos que corren.

A la violencia, los fantasmas y la cancha embarrada se los debe leer como simple desesperación y debilidad. A los sindicalistas del mundo del revés, hay que explicarles que la distancia entre sus actos y los genuinos intereses de los trabajadores es tan amplia como la que media entre el Potrerillo de Larreta y las colonias sindicales de veraneo florecidas durante el primer peronismo.

 

POR: ADRIÁN CAMERANO, DIRECTOR DEL DIARIO “EL ARGENTINO” DE CÓRDOBA