DESPERTANDO...
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Lo que el incendio no se llevó: Los guardianes de las cenizas

Miliún imágenes inolvidables dejaron más de 150 incendios que arrasaron unas 90 mil hectáreas en toda la provincia de Córdoba. Entre postales desoladoras, una chispa esperanzadora se vio en los vecinos que se organizaron, sin más herramientas que su compromiso, para hacer las guardias de ceniza.

Mientras las dotaciones de bomberos, sobrepasadas, acudían a apagar inmensas llamaradas con sus autobombas, sus aviones y sus voluntarios; en los terrenos cubiertos de cenizas, los mismos vecinos frenaban una catástrofe mayor. Con más menos conocimientos de monte, armados de baldes con agua, chicotes, rastrillos y palas, los rostros protegidos con remeras mojadas, haciendo pasamanos y compartiendo naranjas (el hidratante frutal protagonista de estos días).

 

LA ORGANIZACIÓN ESPONTÁNEA

La convocatoria se organizó a través del boca-a-boca, por teléfono y con las redes sociales funcionando de altavoz. Así se armó un frente multicolor, que fue aprendiendo sobre la marcha que debajo de una acumulación de brasas blancas se escondía un posible nuevo foco, que una pequeña chispa en una rama podía suscitar un nuevo incendio y que a la negligencia imprudente de los particulares pirómanos y a la desidia organizada del desmonte, se la combate con la gente en la primera fila.

Para no sacarle los ojos de encima en ningún momento al acechante calor del descontrolado incendio, se organizaron turnos de vigilancia, que se intercalaron las tres o cuatro jornadas que el fuego estuvo encendido.

De esa manera, se pudo garantizar que, mientras se combatía el siniestro, cada quien pudiera cumplir con sus obligaciones domésticas y laborales y que incluso se pudiera descansar. Aunque, fieles a la verdad, pocos pudieron dormir en las comunas serranas en estos días calientes.

IDEA, PALABRA Y ACCIÓN

Amén de lo urgente, estos armados populares permitieron también rondas de debate, donde se compartieron impresiones sobre lo que estaba pasando, se analizaron las causas de los siniestros y se subrayó la necesidad de que sean las mismas comunidades las que puedan unirse para, más allá de las fronteras geopolíticas de cada comuna, conformar un cuerpo de recuperación del monte, prevención y abordaje de las catástrofes.

En estas juntadas, se habló de la problemática del agua y de la trampa que se esconde detrás de la Ley de Bosques, sancionada en 2010 por la Legislatura de la Provincia que, lejos de frenar el desmonte indiscriminado que ha dejado a Córdoba con apenas un cinco por ciento de su pulmón natural, favoreció el avance de la frontera agropecuaria y la proliferación de los emprendimientos inmobiliarios de alta gama en las sierras.

Lejos del mensaje despolitizador que se recibía desde las autoridades provinciales, que invitaban a quedarse en las casas a esperar las lluvias, la comunidad hizo carne la palabra política y, mano con mano, fue la responsable de que muchos de los incontrolables fuegos no avanzaran.

 

NOTA PUBLICADA EN PAPEL TORTUGA #99

FOTOS: LUCIANO GUALDA