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  • Walter Saieg. Intendente.

Alta Gracia, Política

Gestión Saieg: dos años con el termómetro en la mano

El flamante Ministro de Gobierno y Seguridad de la Provincia de Córdoba deja atrás una gestión que tuvo que lidiar con manifestaciones sociales inéditas en la ciudad. Con iniciativa, cintura y pedal, Saieg logró que la oposición nunca hiciera pie ni pudiera capitalizar ninguno de los reclamos. El Intendente licenciado gobernó mostrándose apenas lo imprescindible pese a que hasta el día de su salida, ninguna acción se ejecutaba sin su viso.

Utilizando toda la pista. En el límite entre lo ético y lo legal, Walter Saieg volvió a dejar un cargo para el que había sido legítimamente electo. Lo hizo en el 2003 cuando dejó la Legislatura para ir a Lotería de Córdoba. Lo volvió a hacer luego de ganar las legislativas en 2011 para postularse inmediatamente a la intendencia de la ciudad cuando a ningún otro candidato de su partido le daban los números.

Hoy, cuando la provincia atraviesa la peor crisis institucional de los 14 años que lleva el “cordobesismo” en el poder, el Gobernador golpeó las puertas de Saieg y, cómo lo confesara el propio Intendente, “no podía decirle que no a De la Sota”.

El Gobernador le pidió en 2011 que se hiciera cargo de Alta Gracia y luego le garantizó los fondos para que la mayor parte de la gestión municipal sea financiada desde la provincia. Los generosos aportes a Colectividades, los accesos a la ciudad, pavimentación, remediación del basural… en fin, “lo que estamos haciendo en Alta Gracia, es todo con fondos provinciales”, se sinceró ayer Saieg.

LA AGENDA

Cómo lo anticipara este medio hace dos años, el Intendentesaliente llevó adelante su gestión signado por una serie de reclamos de vecinos y organizaciones sociales que exigieron la recomposición de una larga lista de derechos vulnerados relacionados con el ambiente, la cultura y el acceso a la vivienda.

Con procesos organizativos diversos pero difíciles de ignorar, los colectivos ambientales tomaron la iniciativa en la agenda pública.

La exposición en la opinión pública del secuestro del arroyo Los Paredones por parte del emprendimiento inmobiliario Potrerillo de Larreta fue el primer conflicto con el chocó esta administración. La Municipalidad intentó permanentemente dilatar y bajarle volumen a la incómoda situación de tener que enfrentarse a empresarios estrechamente vinculados al poder provincial.

La misma incomodidad que logró que sectores opositores al gobierno municipal se sumaran tibiamente al reclamo que encabeza el grupo Todos por Nuestros Arroyos, bajo pretexto de “no caer en extremismos”. La demanda de justicia no tardó en lograr la adhesión de la amplísima mayoría de los ciudadanos y tras una marcha multitudinaria, el municipio se vio forzado a entrar al juego, presentándose como parte interesada en el Poder Judicial.

De otra forma se encaró el tema de los agrotóxicos, donde sin duda el Ejecutivo tomó la iniciativa presentando y aprobando una de las ordenanzas más restrictivas a las fumigaciones y pulverizaciones de la provincia de Córdoba al otro día de la realización de una marcha que convocó a alrededor de 600 vecinos.Si bien se exigía la declaración de “libre de agrotóxicos” para la ciudad, las organizaciones hoy se encuentran trabajando en la defensa de la ordenanza municipal contra el arsenal legal de los productores.

De la misma manera, la promesa y posterior erradicación del basural de barrio La Perla apareció como respuesta a la consigna “Alta Gracia Ciudad Encanto, tu basura me está matando”, que instalaron los movimientos sociales en la segunda Fiesta del Ambiente.

Sondeos de opinión mediante, Saieg eligió qué reclamos priorizar y cuáles ignorar, midiendo permanentemente el costo y el beneficio de cada decisión. Así, dio marcha atrás al plan de prohibir el estacionamiento en el centro de la ciudad luego de que un grupo de comerciantes acudieran al Concejo a protestar. Del mismo modo eligió ignorar el reclamo de sectores de la cultura como La Salita que reclamaban lugares y políticas culturales para la ciudad.

Con funcionarios y legisladores poco propensos al debate en esferas institucionales como el Concejo Deliberante, la oposición pocas veces pudo lograr instalar algún tema que incomodara al Ejecutivo, y cuando lo hizo en temas como Colectividades o la ausencia de ART de los municipales, vieron limitado su poder de fuego al estar miembros de sus propios partidos involucrados en las mismas irregularidades que pretendieron denunciar.

Ante los frentes de conflicto, Saieg supo cuándo mandar a los concejales a trabar, cuándo a algún funcionario a poner la cara y cuándo aparecer en primera persona llevando la solución, logrando así que su figura recibiera muy poco desgaste durante sus años en el sillón de Lepri, sacando siempre ventaja a una oposición que por tímida o inhábil nunca logró marcarle la agenda y convirtiendo a su Gobierno en el único interlocutor válido ante los reclamos de las organizaciones sociales.