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  • Emi D'ambra en el Juicio Megacausa La Perla

Alta Gracia, Papel Tortuga, Sociedad

Diálogos indispensables para la Memoria: Emi D’ambra

En el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia compartimos una entrevista con Emi D’ambra realizada por el periodista Sebastian Gualda en 2014. Fallecida el pasado 7 de marzo, la vecina de nuestra ciudad se convirtió en un ícono en la lucha por la defensa de los derechos humanos.

*Por Sebastián Gualda

Emi D’Ambra tiene 85 años y no para. Esta semana tiene la agenda plena de actividades con motivo del próximo 24 de marzo y ni bien termine esta entrevista viajará a la sede de la Asociación Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas en Córdoba, organización de la cual es referente.

-¿En qué se va?

-En colectivo por supuesto.
Emi no para. “Ahora la he perdido pero yo tenía una memoria fabulosa”, se intenta excusar pero el nivel de detalle con el que relata hechos que ocurrieron hace 30 años la contradice, todavía tiene una memoria fabulosa.

“Jamás imaginé que mi vida iba a ser esto. Nosotros somos de Buenos Aires y con Santiago (su marido) nos conocimos en la fábrica de pinturas Alba que estaba a dos cuadras de mi casa. Nos vinimos a Alta Gracia en 1951. Nos casamos y nos vinimos derecho acá. Santiago decía que nos habíamos venido de luna de miel y nunca habíamos vuelto”, recuerda.

“Decíamos que nos habíamos venido a un lugar alejado del mundo. Alta Gracia en aquel momento era un pueblo. Nosotros vivíamos dónde ahora está jardín del Anglo, sobre Achával Rodríguez. Santiago había entrado a trabajar en el Sierras Hotel y esa era la casa del gerente”.

-¿Cómo vivió la gente de Alta Gracia aquella época del golpe militar?

– La gente miraba para otro lado. Acá no pasó nada. Mis hijos por su manera de ser eran recontra populares. Alicia iba a las “monjas”, tenía 21 años y estudiaba tres idiomas: inglés en la Universidad, francés en la Alianza Francesa y alemán en el Goethe. Carlos Alberto había ido al Nacional y estaba en el IPEF. Cuando los secuestraron nadie dijo nada.

No perder la esperanza

-¿Cómo fue enfrentar el secuestro de sus hijos sin acompañamiento social?

– Nosotros estábamos en la Comisión de familiares de presos políticos. Nos juntábamos en la sede del Partido Intransigente, en Córdoba. Nunca nos podíamos reunir más de cuatro o cinco veces en el mismo lugar hasta que nos echaban. Me acuerdo siempre de un lugar que está en la calle Corrientes y abajo había una tienda. Tenía una escalera que cada vez que la subíamos no sabíamos si íbamos a poder bajarla. De ahí nos tuvimos que ir porque al dueño le pintaron una esvástica en la casa y le agarró miedo.

-¿Recibían amenazas?

Todo el tiempo, pero ya estábamos acostumbrados. Nos reuníamos a dar la vuelta a la plaza San Martín a la misa de las cinco de la tarde en la Catedral. Un cura viejo era el que daba la misa a esa hora y nosotros cuando éramos poquitos, y como nos conocíamos todos nos poníamos el pañuelo. Al cura, que nunca se le entendía nada cuando hablaba, se ve que le daba bronca porque un día dijo bien clarito: “esta no es una misa por los desaparecidos”. Ese día resolvimos no ir más.

-¿Esa persecución hacía flaquear la esperanza?

No. La esperanza no flaqueaba nunca. Sabés cuando flaqueó y realmente pensamos que se había terminado todo, cuando Menem dio el indulto. Pero hasta ahí nunca nos había agarrado bajones. Nunca. Había una capacidad de lucha increíble. Éramos muy pocas, contadas con los dedos de las manos, las que ya pensábamos que no íbamos a recuperar a los chicos, que seguíamos peleando por la idea, por el derecho que teníamos de que nos dijeran donde estaban por lo menos. Pero hubo muchísimos familiares a los que nunca les entró en la cabeza que los chicos podían estar muertos. Recién nos empezamos a sentir acompañados un poquito antes de la llegada de Kirchner. La gente había empezado a entender y no recibíamos tantas agresiones.

Nosotras dábamos vueltas la plaza y el que pasaba nos decía de todo. A veces decíamos “nadie conteste nada” pero había insultos que eran demasiado fuertes y alguna reaccionaba.

En democracia

Emi recuerda que al inicio de la Democracia muchas de sus compañeras pensaban que Alfonsín iba a darles el paradero de sus familiares desaparecidos, pero no ocurrió.

“La época de Alfonsín la vivimos con tristeza. Porque él fue uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y nos recibió en Buenos Aires antes de las elecciones pero después no nos atendió nunca más cuando fue presidente. Nos reuníamos y era como si estuviéramos de velorio. Empezamos a pelear por la derogación de las leyes de obediencia de vida y punto final pero todos nos decían que era una utopía”, rememora.

Emi cuenta que su marido, Santiago, era peronista y siempre le tuvo fe a Néstor Kirchner: “¿Sabés las peleas que tuvo conmigo porque yo le decía que no tenía sentido que lo defienda de esa manera porque había ganado con el 22 por ciento y lo traía de la mano Duhalde, que es la porquería más grande que se puede pedir?”.
El gobierno de Néstor Kirchner motorizó la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en el 2003 y con el posterior comienzo de los juicios a los represores, lo que años atrás parecía una utopía se transformó en una realidad inédita en América Latina.

“Santiago murió el 9 de marzo de 2007 y no llegó al 24 de marzo cuando Kirchner nos entregó La Perla”, recuerda. “Llovía como el diablo y los chicos de H.I.J.O.S comenzaron a cantar ‘se siente, se siente, Santiago está presente’. Yo estaba al lado de Kirchner y entonces me pregunta ‘¿quién es Santiago?’, y yo le dije, un admirador suyo. Después del acto me volvió a preguntar, entonces le dije que la primera vez que Santiago lo había escuchado hablar dijo ‘este es el que nos salva’, pero yo no te firmo ningún pagaré en blanco. ‘Hacés muy bien, no firmes a nadie un pagaré en blanco’, me dijo. Esa fue mi conversación con Kirchner”.

-¿Qué le dirías a la gente que dice que todo este tema es algo que ya pasó hace un montón de tiempo, que hay que hablar de otras cosas?

Si a vos no te dieron una respuesta en 40 años, la vas a seguir buscando 40 años después. Yo quiero saber dónde están mis hijos. Nos tienen que decir dónde están los cuerpos, por más que Hebe diga que no quiere que le entreguen un esqueleto. Yo sí. Y por más que no aparezcan los míos voy a seguir luchando para que aparezcan los nietos que faltan.