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Alta Gracia, Política

Radio Tortuga 102.7: diez años de libertad, autogestión y comunicación

En agosto de 2008, Radio Tortuga 102.7 empezó a transmitir en el 102.7. La canción “Zona de promesas” de Soda Stéreo, en la versión de Mercedes Sosa con Gustavo Cerati, fue la primera que sonó aquella vez. Se abrieron los micrófonos el 14 de octubre con la primera emisión de Mañana de Perros, el magazín de la media mañana que se convertiría en nave insignia. Diez años se cumplen y la oportunidad de echar mano a los recuerdos, se vuelve una necesidad.

Por Pablo “Pelado” Rodríguez. El arroyo Chicamtoltina, a la altura del puente San Martín, fue testigo de varias de las reuniones en las que se fue cocinando ese proyecto de radio que, en un primer momento como emprendimiento familiar y luego como cooperativa, pretendió poner al aire las voces que no encontraban lugar en otros medios de la región. La propuesta se cerraba con una estética jugada, original, moderna, joven y desafiante. “Llegó la radio”, anunciaba uno de los primeros spots promocionales: pendenciero, metiendo el pecho.

Hasta que no estuvo al aire Mañana de Perros, en octubre de aquel de a ratos tan lejano 2008, el proyecto se conocía entre un pequeño grupo de gente. La música sonaba las 24 horas en el 102.7 como modo de prueba, más ya anunciando la propuesta: rock y pop nacional e internacional, cantautores, covers, rarezas. Un día más tarde de lo previsto, fue con la nave insignia en el aire que se empezó a proyectar la emisora como un megáfono ardiente. A la naciente programación, se sumaron Algo le pasa a esta radio y más tarde, Medianoche en AogashimaSe hace tarde. A partir de ahí, una interminable lista de programas que se sigue enriqueciendo bellamente, volteando fronteras y tejiendo lazos.

Los primeros pasos fueron con móviles desde la calle, con entrevistas en el piso y telefónicas, presentando discos, promocionando artistas locales y acompañando las luchas sociales que en aquellos tiempos se oponían a las fumigaciones con agroquímicos, debatían la letra chica de una necesaria Ley de Bosques provincial, estudiaban las propuestas del Plan de Ordenamiento Urbano y Territorial, denunciaban la violencia institucional, exigían participación política real para los jóvenes, sostenían merenderos en los barrios y realizaban talleres para prevenir la violencia de género.

En 2010 nos volvimos cooperativa para formalizar un vínculo interno que veníamos sosteniendo con solidaridad y amor. Y a partir de ahí, la experiencia que estábamos viviendo en solitario, conoció compañeras y compañeros de todo el país: gente que venía haciendo camino al andar desde hacía mucho tiempo y otra muchachada que andaba dando los primeros tropiezos como nosotras y nosotros. Así nos empezamos a volver parte del Foro Argentino de Radios Comunitarias, nuestra Patria radialista.

Ahicito nomás nos animamos al Papel, al mensuario. Nos dimos el gusto de aventurarnos a ese periódico al que le metimos los mismos objetivos que le veníamos imprimiendo a la radio y también salimos a mezclarnos con otros papeles cooperativos del país. Entrevistas de dos páginas, informes de hasta tres, notas de opinión, crónicas, columnas, análisis político, recomendaciones, humor gráfico. Escribíamos lo que deseábamos leer. Tiempo después lo volvimos semanal, lo supimos llevar puerta a puerta en largas madrugadas de bicicletas y lo aguantamos hasta que pudimos.

Aprendimos también (y seguimos aprendiendo) que el cooperativismo no implica solamente vínculos de amor, solidaridad y reciprocidad puertas adentro; sino que se completa reproduciendo esos vínculos hacia afuera con el trabajo en red. Más aún, en las redes de redes, como una proyección al infinito de los valores humanos más profundos.

Estos diez años de amor a la comunicación comunitaria nos siguieron y nos siguen cruzando con compañeras y compañeros cooperativxs, comunitarixs, comunicadores, hacedores, soñadores, rebeldes. Y también con malaleches que nos pretendieron quitar del medio con denuncias y persecuciones, que nos obligaron en algún momento a cambiar momentáneamente de dial y que nos apretaron clientes publicitarios.

Pero acá estamos. Seguimos de pie. Licencia en mano. Y con una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que supimos y sabemos defender de quienes quieren volverla letra muerta. Con la radio al aire, con la web, la app, el facebook, el instagram, el twitter, el whatsapp y nuestro flamante caparazón, que compartimos físicamente con el Cañito Cultural.

Golpeados por la macrisis, como tantas y tantos en este país. De a ratos atando el presente con alambres, como tantos medios amigos, compañeros, hermanos. Mutando. Armando y desarmando. Siempre amando, siempre creciendo. Caminando como Tortuga, despacito. De a ratos casi parando como para ver el futuro a la distancia necesaria. Pero nunca retrocediendo.

Abrazadxs a la autogestión, cada vez más feministas y cooperativxs, nutrimos nuestras programaciones con cientos de voces que a lo largo y a lo ancho de la ciudad, del Valle de Paravachasca, de la Provincia y del país, resisten los cercos mediáticos, los monopolios, la hegemonía corporativa y la posverdad.

“El tiempo dura lo que dura el tiempo”, canta Jarabe de Palo con Jovanotti y Vico C. Con la década pasa eso: son diez años, que para un emprendimiento centenario es apenas un décimo y para quien recién nace, casi un espejismo lejano. Para nosotres, estos diez años son nuestra espalda ardida y erguida; las cicatrices que narran nuestro transcurrir y el manojo de anécdotas que vociferamos a los gritos en las rondas de brindis. También la posibilidad de dialogar entre generaciones y de abrazarse en las resistencias.

Nos quedan sueños, proyectos y esperanzas. Objetivos, desafíos, ganas. Nos queda vida por vivir y camino por andar. Esta Tortuga cambiará de dial o de casa pero seguirá caminando. Seguirán entrando y saliendo de su caparazón compañeras y compañeros que no dejarán de dejarle marcas indelebles y necesarias. Hay mucha lucha todavía por amplificar. En esa andamos.

Felices por lo logrado y prestos a seguir caminando para alcanzar lo que falta, esta Tortuga se da la mano con quienes trabajan día tras día en pos de una Patria más justa y de un mundo donde quepan todos los mundos.

Nos seguimos encontrando.

Salud.