El sábado 2 de julio, una multitud se reunió a la vera de la ruta E-56, a la altura del kilómetro 14, para acompañar la señalización oficial que la Secretaría de Derechos Humanos llevó adelante con la colocación de un imponente cartel, a través del cual se reconoce que en el ex Grupo de Artillería 141 de José de La Quintana se cometieron crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura.

La iniciativa fue impulsada por la organización Trabajadores Unidos por la Tierra (Traut) que desde hace cuatro años sostiene en el lugar el «Refugio Libertad«, un espacio comunitario que conjuga la producción agrosustentable con propuestas culturales y promoción de los Derechos Humanos.

El acto fue acompañado por el secretario Ejecutivo del Consejo Federal de Derechos Humanos, cordobés e hijo de desaparecidos, Agustín Di Toffino; la directora Nacional de Sitios y Espacios de Memoria, Lorena Battistol; y la directora Nacional de Promoción y Fortalecimiento para el Acceso a la Justicia, Gabriela Carpinetti.

También estuvieron presentes la directora del Archivo Provincial de la Memoria, en representación de los organismos que integran la Comisión Provincial de la Memoria, María Eleonora Cristina; integrantes de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de la Provincia de Córdoba; los diputados Eduardo Fernández y Gabriela Estévez; el intendente de San Agustín, Iván Ortega; y los jefes comunales, Silvia Martínez de Los Molinos y Pablo Riveros de Villa Ciudad Parque.

Se sumaron también organizaciones de Derechos Humanos de toda la provincia de Córdoba y vecinas y vecinos del Valle de Paravachasca, nucleados muchos de ellos en el Nodo Paravachasca de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos y en el Colectivo Paravachasca por la Memoria.

En el territorio

La primera en tomar la palabra fue Hilda Rodríguez, vecina de Villa San Isidro e integrante de Traut, quien brindó detalles sobre los emprendimientos productivos que se desarrollan en el Refugio Libertad.

Acto seguido, Adrián Camerano, periodista y también integrante de Traut, se refirió a la historia del ex Grupo de Artillería 141 y su rol dentro del engranaje represivo de la última dictadura. Asimismo, mencionó las denuncias que pesan sobre esta guarnición, no sólo como ex centro clandestino de detención y torturas, sino también de fusilamientos y enterramientos clandestinos.

El terror desde adentro

En la rueda de oradores, los ex presos políticos Margarita Zeniquel y Félix Rodríguez, y el ex conscripto Agustín Vera; brindaron valiosos testimonios desde la experiencia misma de haber conocido al ex Grupo de Artillería 141 cuando funcionaba como centro clandestino de detención y torturas durante la última dictadura.

Margarita Zeniquel testimonió en juicios por crímenes de lesa humanidad e integra en la actualidad el Colectivo Paravachasca por la Memoria. A la hora de tomar la palabra, subrayó el valor de esta señalización para la región: «Somos hijos de Charo y Emi D’Ambra. Quiero recordar ese valor en la búsqueda incansable por saber de sus hijos. Somos parte de esta historia. Señalizar este lugar constituye un mojón, que está puesto a lo largo de toda la Argentina. Vamos reconstruyendo la historia, entre otros, los ex presos políticos, sobrevivientes, con nuestra memoria para alcanzar la completud de esta historia que hilvanamos y a la que todavía le falta mucho por agregar».

Destacó también la importancia que reviste esta marca de memoria para seguir luchando: «El hecho de constituir este sitio de memoria también forma parte de lo que es nuestra identidad, porque se pretendió ocultar sistemáticamente. Acá se torturó, se secuestró y según algunos testimonios, se ejecutó. Falta todavía conocer toda la verdad de la historia. Nos queda pendiente saber dónde están nuestros 30 mil compañeros desaparecidos no identificados y recuperar los nietos con identidades robadas, pero éste es un modo de reconstruir y de profundizar memoria, verdad y justicia».

Félix Rodríguez se mostró agradecido por el trabajo de recuperación de la memoria que se viene desarrollando en el lugar y aprovechó su momento para pedir la liberación inmediata de Milagro Sala y todos los presos políticos. «Aquí no se ha rendido nadie», afirmó enfático y le pidió a los organismos de Derechos Humanos ser expeditivos para recoger los testimonios de los sobrevivientes que aún no han declarado para encontrar los restos de las y los desaparecidos que faltan.

Agustín Vera, por su parte, brindó un testimonio conmovedor: «Yo hice guardia a los compañeros detenidos desaparecidos, que estaban tirados en el suelo, hechos pelota muchos de ellos, pero con la mirada firme». Y dirigiéndose a los presentes, manifestó: «Les doy gracias por poder estar y que caigan todos los que estaban acá, los cabos, los sargentos, el teniente, el general, porque todos fueron responsables».

Los desafíos que vienen

Lorena Battistol expresó a través suyo el saludo del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla Corti, y contó que el 13 de junio pasado el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó vuelos sobre el predio del ex Grupo de Artillería 141 para realizar imágenes que deben analizarse para avanzar en la investigación de revele si hubo en el lugar enterramientos clandestinos como señalan muchos testigos.

Gabriela Carpinetti, en tanto, subrayó la labor que se lleva a cabo en el «Refugio Libertad»: “Estamos ganándole algunas hectáreas al modelo sojero, al modelo de la extranjerización, al modelo de la expoliación y el despoblamiento. Nuestro deber hoy es unificar las banderas de memoria, verdad y justicia con la de tierra, techo y trabajo”.

María Eleonora Cristina, por su parte, en nombre de la Comisión Provincial de la Memoria y los organismos que la conforman, y de los sitios de Memoria de la provincia y sus trabajadores, destacó: «Hoy es un día feliz». Afirmó que es necesario celebrar cada derecho conquistado. «Con esta marca, nadie más podrá decir que no sabe qué era este lugar» y anticipó que con esta señalización se van a empezar a romper silencios históricos.

Finalmente, Agustín Di Toffino recordó que Santiago «Charo» D’Ambra hablaba de José de La Quintana en los años ’90, cuando pocos lo registraban como posible instrumento del terrorismo de Estado, y que en la juventud ese nombre empezó a asociarse a la esperanza de hallar los restos de sus padres desaparecidos.

Di Toffino exhortó a recuperar las banderas y la historia de militancia de la generación aniquilada por el terrorismo de Estado: «La dictadura genocida tuvo como objetivo borrar de la memoria colectiva la historia de lucha de una generación. La clase dominante nos quiere desanimar, pero hay un pueblo que ha conquistado derechos y una muestra son los colectivos que están trabajando en este lugar».

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