En la noche del martes 27 de septiembre falleció Ramón Gamero, militante histórico del peronismo de Alta Gracia, quien en 1976 estuvo detenido ilegalmente en el centro clandestino que funcionó en el ex Grupo de Artillería 141 de José de La Quintana.

En 2012, para la edición número 21 de Papel Tortuga, Gamero contó por primera vez el flagelo que vivió durante aquella detención clandestina, con 29 años, y las consecuencias físicas y sociales que dejó en su vida el terrorismo de Estado.

Al momento de ser secuestrado por el Ejército, Gamero presidía la Juventud Peronista de Alta Gracia.

El Portal Tortuga recupera su testimonio para homenajear su vida.

Relato de un secuestro

«Me sacaron como a las 3 de la mañana y me cargaron en un camión del Ejército, llevaba la cabeza abajo. Un poquito de viento levantó la lona y pude ver que entrábamos al cuartel de La Quintana, que conocía porque mi mamá tenía un padrino con un campo enfrente». De esa manera, Gamero recordó diez años atrás su detención para Papel Tortuga.

Estuvo retenido en una habitación sin luz y con humedad, donde sufrió apremios ilegales durante dos semanas. En los interrogatorios, recordaba Gamero en aquella entrevista, era recurrente la consulta por Miguel Ángel Mozé, militante montonero y referente provincial de la JP.

La intervención del cura Domingo Viera, que era amigo de la familia, ayudó a que un día, sin más, lo liberaran a las diez de la noche y sin ningún protocolo humanitario: «Crucé la ruta y volví caminando a Alta Gracia. Cada vez que venía un auto o un camión, me tiraba para los yuyos, porque pensaba: ‘Estos me van a matar'».

Antes de soltarlo, sus captores se encargaron de amenazarlo, advirtiéndole que no comentara nada de lo vivido con nadie: «Ni con los compañeros de trabajo ni con los familiares. Porque si no, me buscaban y no sabían si volvía».

En la habitación en la que estuvo detenido, Gamero supo que hubo otros dos muchachos que estaban vendados y hablaban entre murmullos. «Después los sacaron y no sé a dónde los llevaron».

La otra persecución

Al retornar de esa experiencia de terror, Gamero siguió militando en el peronismo, «pero sin hablar de esos temas».

Y volvió a su empleo en el Ministerio de Trabajo, donde lo mandaron a un sótano entre expedientes llenos de tierra y ratas. Le dijeron: «Desde mañana, no va a estar enfrente del teléfono ni nada. A usted lo vienen a ver muchos gremialistas y muchos trabajadores. Me parece que hace política».

En 1979 lo cesantearon y entonces Gamero se encontró con otro de los coletazos silenciosos del terrorismo de Estado, cuando empezó a rebotar en las empresas a las que arribaba a consultar por puestos de trabajo. «Un conocido me dijo que no busque trabajo en ningún lado más porque estaba en una lista negra», supo recordar.

En la actualidad, en el ex Grupo de Artillería 141 de José de La Quintana se erige un emprendimiento de producción agroecológica y Derechos Humanos llamado Refugio Libertad, que recupera la historia de este centro clandestino de detención, recientemente reconocido como tal por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Investigaciones abiertas siguen diversas pistas de testimonios que dan cuenta de que en ese lugar, además, el terrorismo de Estado realizó fusilamientos y enterramientos clandestinos.

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