Por María Luz Cortez. “¿Es necesario que el feminismo salve a las mujeres evangélicas?”, se pregunta en su tesis doctoral sobre Estudios de Género, Melisa Sánchez. La investigadora estudió a un sector denominado “hermanas libres”, parte de la comunidad evangélica. Para Sánchez el trabajo requirió poner en tensión sus propios prejuicios.

En principio, cabe señalar que, según la descripción de Sánchez, se trata de un sector del mundo evangélico con “perfil bajo”, que suele ocuparse de sectores más vulnerables y que están centrados en el estudio de la Biblia y sus aplicaciones a la vida cotidiana.

Su investigación se enfocó sobre las mujeres de esa comunidad en Argentina y en Córdoba en particular. Entre los puntos de análisis, se encuentra el siguiente cuestionamiento: ¿Cuáles son las normas de género que hacen una idea de una “buena mujer evangélica”?

En ese contexto, habla de violencia religiosa de género. La religión y las creencias son una dimensión más de la vida de las personas. “En algunos casos puede ser constitutiva de una relación opresiva, y otras veces, no; otras se constituye en un dispositivo de libertad, y autonomía”, explicó.

Sin embargo, aclaró que prefiere evitar esa dicotomía ya que la religiosidad en sí misma no es ni lo uno ni lo otro, y puede ser al mismo tiempo tan emancipador como obstáculo para ello.

“Se trata de personas que hacen uso de estas normas para evitar o restringir el desarrollo personal de mujeres o de personas disidentes de las heteronormas porque van en contra de determinados cánones hegemónicos. Pero todo esto está sustentado de imponer una lectura hegemónica de determinados textos sagrados como la Biblia”, indicó. Al respecto agregó que hay muchas maneras de leer esos textos sagrados.

“Un supuesto de que los varones han sido siempre quienes han interpretados los textos religiosos y quienes han tenido la voz pública de cómo se interpreta la Biblia”, indicó sobre el análisis y sumó que las mujeres son negadas como “sujetas teológicas”

“Sus valoraciones son válidas siempre y cuando vayan en sentido de lo que los varones han dicho”, consideró. Al respecto ejemplificó que cuando se apartan de esa línea son consideradas “raras” o “falsas profetas”, o que “quieren alejarlos del camino de Dios”.

Cabe destacar que Sánchez precisó que, con esa base se generan las distintas violencias de género en el contexto religioso, conocidas como violencia física, económica, etc. sustentadas por argumentos religiosos para sostener esas formas de violencia.

Por ejemplo mujeres que son cuestionadas por elegir carreras que las “llevan a cuestionarse la fe, o la ropa que usan. O de dejarlas por fuera de las actividades religiosas que hacen a su desarrollo personal”, agregó.

La salvación

Al respecto de la pregunta disparadora sobre si es que las mujeres evangélicas necesitan que el feminismo las salve, dijo: “A veces como feministas, nos creemos que tenemos las respuestas, sabemos qué es lo que las otras mujeres necesitan y queremos decirles cómo tienen que hacer las cosas. Cuando en realidad desde el feminismo hemos aprendido que es nuestra voz propia la que vale; no nos ha liberado la voz de otras, nos ha liberado la voz propia”.

En ese sentido, planteó que una estrategia posible es escucharlas, ver las realidades que están atravesando, conocer las diversidades de voces dentro de las mismas mujeres evangélicas y reconocerlas como “interlocutoras válidas”.

Habitar la Fe

“Después, en un último capítulo trabajo la forma en que las mujeres habitan su espiritualidad, su fe y sus creencias, más allá de las normas y las relaciones de poder. Se dan formas creativas y particulares de vivir la fe. Ellas eligen sostener su fe, negociar cosas, para poder seguir participando de esos lugares que para ellas son significativos e importantes, y que muchas veces, si desconocemos las particularidades del campo religioso, podemos pensar que son manipuladas, oprimidas. Sin embargo cuando uno las conoce de cerca son personas con criterio propio, pensamiento propio, y eligen mantener determinadas relaciones porque consideran que eso es bueno para ellas”, precisó.

Asimismo, Sánchez analizó que “en este sentido es que la pregunta sobre salvar a las mujeres evangélicas nos invita a pensar en qué posición y desde qué lugar miramos a la otredad. Qué diversidades aceptamos y cuáles todavía nos incomodan, y principalmente, de qué maneras ejercemos el poder de la palabra”.

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