El último fin de semana de agosto, con una capacitación se puso en marcha en el Refugio Libertad de José de La Quintana la quinta sede de la Escuela Nacional de Organización Comunitaria y Economía Popular (ENOCEP), que sostiene la Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).

Según explicó a «Que No Se Te Escape» Mercedes Ferrero, integrante de Trabajadoras y Trabajadores Unidos por la Tierra (TraUT), la organización que sostiene en el ex Grupo de Artillería 141 el proyecto productivo agroecológico Refugio Libertad, esta nueva ENOCEP ocupa el centro del país, respecto de las cuatro anteriores: una en una isla del Tigre, en provincia de Buenos Aires; otra en Puerto Libertad, cerca de las Cataratas del Iguazú, en Misiones; otra en San Martín de los Andes, Neuquén; y la restante en Tilcara, Jujuy.

«Son todos lugares bellísimos», subrayó Ferrero y completó la referencia: «Una de las primeras decisiones que tomamos cuando empezamos a caminar la creación de la escuela fue reivindicar el derecho a la belleza y el derecho de nuestras compañeras y compañeros a conocer el país, a recorrer nuestra tierra y tener instancias de formación y de encuentro, que también sean de encuentro con la naturaleza, la riqueza y la biodiversidad con la que contamos en la Patria».

Alternativas para un presente sin respuestas

RADIO TORTUGA (RT): ¿De qué se trata la ENOCEP?

MERCEDES FERRERO (MF): La economía popular es aquella de quienes siendo excluidos del sistema capitalista, se inventaron su propia forma de trabajo para poder seguir cuidando la vida. Está organizada en distintas ramas: la de cartoneros y recicladores, la rama rural, la rama textil. Son distintas formas de laburo que identificamos que nuestro pueblo se fue dando en los últimos 20 años. La idea de una escuela de formación desde estos sectores y abierta a otros, tiene que ver con brindar espacios de educación y de reflexión para la acción, que permitan mejorar tanto las prácticas productivas como el desarrollo sociocomunitario que estas trabajadoras y trabajadores llevan adelante en los territorios que habitan.

Ferrero destacó que en el marco del primer curso que esta nueva sede de la ENOCEP llevó adelante durante el último fin de semana de agosto, «una de las compañeras trabajadoras decía que en este contexto en el que las organizaciones estamos siendo cuestionadas, perseguidas, criminalizadas, y que nos tratan de planeros y vagos; estamos formándonos. No sólo trabajando, sino también estudiando y preparándonos mejor para las respuestas que nuestras organizaciones y pueblos necesitan».

Repasó Ferrero que la economía popular lleva 20 años en los que «los últimos y las últimas de esta patria, el pueblo pobre, excluido y desclasado, está inventando las formas de seguir sosteniendo la vida cuando el sistema no da respuesta y el Estado no tiene la voluntad política para generar fuentes de trabajo genuinas».

En ese contexto, indicó: «Se generaron distintas formas de unidades productivas, algunas con un nivel de formalización mayor, que hoy son cooperativas de trabajo; y otras que de a poco van accediendo a diferentes maneras de registrar sus actividades». Y completó: «En el contexto de la lucha por la ley de Emergencia Social, que es la que logramos en pleno gobierno neoliberal macrista a fines de 2016, una de las grandes resonancias en nuestras asambleas era que no queríamos más planes sociales, que lo que queríamos era un salario social complementario que complemente los ingresos que los trabajadores y las trabajadoras generan con su actividad productiva o sociocomunitaria».

La educación como un acto de resistencia

En la primera capacitación desarrollada en Refugio Libertad, la ENOCEP recibió a una treintena de personas de diversas organizaciones de Paravachasca, Punilla y la capital provincial, con una formación básica vinculada a la estructura organizativa de la UTEP y con un modo de formación en género y feminismo popular «para desarmar el patriarcado vigente en la economía popular».

Ferrero precisó que la ENOCEP tiene desarrollados algunos cursos básicos que tienen que ver con el desarrollo de la economía popular, que hay cursos previstos sobre las mismas tareas que se llevan adelante en el Refugio Libertad («agroecología, formación de promotoras de género y de quienes sostienen labores sociocomunitarias»); pero que al mismo tiempo «la escuela está para construirse y llenarse de contenido y propuestas» con otras organizaciones.

Finalmente, subrayó que la sede de esta flamante escuela se instaló en el edificio de mayor jerarquía del predio, antes y mientras funcionó allí un eslabón del aparato represivo de la provincia, durante los tiempos del terrorismo de Estado. «Es el edificio que muchos años atrás fue el casco de estancia que existía antes de la adquisición de la tierra por parte del Estado Nacional y donde luego funcionó como casino de oficiales cuando estaba asentado el Grupo de Artillería 141«, apuntó.

«La sede de la escuela fue construida después de un tiempo largo de recuperación del edificio, con escasos recursos pero con un trabajo hermoso de una cuadrilla mixta integrada por compañeras y compañeros. El neoliberalismo saqueó este lugar. Con esta historia de muerte encima, se decidió que allí funcionaría la escuela como acto de resistencia», concluyó.

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