Entrevistado en «Tarde para Tirar la Toalla», Pablo Rivarola, director del Centro Integral de Varones en Situación de Violencia (CIV) de la Provincia de Córdoba, brindó detalles sobre el trabajo que desarrolla este área que depende del Ministerio de la Mujer; y también analizó los desafíos que demanda la construcción de nuevas masculinidades, por fuera de los mandatos patriarcales y machistas.

Escuchá la entrevista completa: https://radiocut.fm/audiocut/entrevista-con-pablo-rivarola-director-del-centro-integral-varones-provincia-cordoba/

El Centro Integral de Varones en Situación de Violencia forma parte de una política integral de prevención de la violencia de género”, indicó Rivarola, aclarando que este centro recibe tanto a varones que han ejercido algún tipo de violencia y arriban derivados por el Poder Judicial, como a quienes de manera voluntaria se acercan para recibir algún tipo de tratamiento.

Precisó que en un primer momento, “hay una entrevista con psicólogos y trabajadores sociales donde se evalúa el riesgo de violencia, la posibilidad de que la persona pueda ejercer violencia de manera próxima”; y que el tratamiento puede durar tres meses y renovarse de acuerdo al diagnóstico. “La gran mayoría son varones que tienen una denuncia”, apuntó y destacó que “se trabaja de manera permanente con los juzgados para advertir riesgos”.

EL ABORDAJE DE LA VIOLENCIA

RADIO TORTUGA (RT): ¿Cómo es el caso de los voluntarios?

PABLO RIVAROLA (PR): Ha tenido mayor incremento en la época de la pandemia, donde se generó una demanda distinta, al muchos varones reconocer que estaban en algún tipo de respuesta o actitud que podía ser contemplada como violenta. Hay hombres que advierten que ejercen cierto dominio sobre sus parejas y que establecen limitaciones sobre la autonomía de las personas. Por lo general son personas que tienen un tercero que se los hace ver; los hijos, los compañeros de trabajo, los amigos. También son varones que estén en alguna atención psicológica privada y el o la terapeuta reconoce una conducta que debería ser atendida desde esta perspectiva.

En este marco, subrayó el impacto que tiene el trabajo en grupo que permite que se compartan testimonios que ayudan a reconocer el ejercicio de la violencia y empezar a transitar un cambio. Indicó Rivarola que este abordaje no es sólo clínico, sino de reconocimiento de conductas. En la actualidad, cuentan con 23 grupos.

RT: En estos abordajes terapéuticos, ¿hay reconocimiento del carácter estructural de la violencia?

PR: En el caso de los varones que asisten porque están obligados a responder a una medida judicial, hay mucha reactividad. Dicen “no sé por qué estoy acá”, “hago esto porque me obligan”. La primera etapa que trabajamos es bastante intensa en ese sentido. No llegamos a forzar. Empezamos a trabajar en las conductas que pueden ser reconocidas como violentas, que los lleva a posicionarse como actores reales de ese tipo de comportamientos. Primero se niega, luego se justifica; después se empieza a entender y empatizar; hasta finalmente lograr un proceso reflexivo, donde empiezo a entender que puedo generar un cambio de conducta. Cada encuentro tiene una pauta específica y generan consignas para cambiar los comportamientos. El período más largo es el de la justificación.

EL DESAFÍO DE ROMPER TABÚES

La Ley Micaela ha sido una política de gran impacto y se ha valorado muchísimo. De hecho, muchos varones que han llegado de manera voluntaria están relacionados con la capacitación que se ha hecho, desde donde han empezado a identificar algunos indicadores personales”, destacó Rivarola.

Y agregó que “instituciones que han trabajado la Ley Micaela, después nos han pedido como Centro de Varones que abordemos específicamente temas de nuevas masculinidades que quizás en la Ley Micaela como tal no se presentan”.

Indicó Rivarola que en estos días, más allá de la prevención y la actuación frente a los hechos de violencia, “surge la demanda y el interés en focalizarse en el tema del varón”. Destacó que en ese contexto, participan como institución de espacios de debate en colegios públicos y privados, sindicatos, empresas con la temática de las nuevas masculinidades.

Con el ejemplo del club Náutico El Quillá de la ciudad de Santa Fe, que colocó carteles en los baños de varones, cuestionando los mandatos patriarcales; Rivarola subrayó que “cuanto menos, visibiliza algo y pone en cuestionamiento algo que no se dice y eso genera un impacto”.

“Es necesario ir rompiendo tabúes, sobre todo en deportes masculinizados que expulsan a los demás géneros”, apuntó como desafío, subrayando que entre las y los jóvenes, ciertos temas vinculados a las identidades de género están mejor incorporadas y que las resistencias suelen hallarse en las personas más grandes.

APLICACIÓN REAL

Rivarola señala que está en auge en estos días que organismos, empresas, universidades que han recurrido a capacitaciones para poder dar respuesta a algún emergente de violencia de género, dan un paso más y empiezan a construir mecanismos propios para generar transformaciones más estructurales: “Hemos visto que se generan denuncias y luego las organizaciones, al poder identificar qué situaciones se presentan, generan capacitaciones, trabajan sobre la sensibilidad de estos temas, instrumentan políticas como los baños unisex o espacios lactarios. Se generan acciones concretas que no son iguales en todos los lugares, como las políticas de ascenso y las licencias por maternidad y paternidad”.

Asimismo, destaca que algunos espacios avanzan en implementar protocolos propios para la denuncia de hechos de violencia de género y vulneración de derechos en materia de identidad y orientación sexual. “Esto no está en todos lados”, aclara y completa que “muchas veces lo inician por necesidad y contexto”. Pero subraya que “debe ser una regla que las personas tengan un procedimiento claro y transparente para denunciar y ser cuidados cuando han sido vulnerados sus derechos”.

RT: Por lo que decís, a partir de emergentes particulares como puede ser una denuncia por violencia, ¿lo que notás es que hay como una tendencia a no individualizar la medida posterior, sino a generar estructuras que prevengan hacia adelante ese tipo de vulneraciones?

PR: Exacto. Por lo general, se visibiliza algo que estaba naturalizado. Inicialmente, lo que había eran solamente capacitaciones. Pero si esta formación no tiene aplicación real, no tiene mucho sentido. Entonces ahí aparece todo lo demás.

CONTRASTAR CON EL VARÓN PROTOTÍPICO

RT: ¿Qué implica hablar de nuevas masculinidades?

PR: Es un tema con muchas aristas, lineamientos teóricos, perspectivas. Inicia con la sola concepción de salir de la idea de que existe una sola masculinidad, que es contra la que trabajamos y que se impone. Somos varones que asumimos otro tipo de roles, que reconocemos otro tipo de valores, nos posicionamos de otra forma. Hay que salir de la idea de que ayudamos a o colaboramos con las mujeres, sino que empezamos a asumir otros posicionamientos y que podemos contrastar con el varón prototípico que rinde, que exige; que podemos ceder, que tenemos debilidades, que podemos escuchar y aceptar nuestro papel en lo laboral, social, deportivo, familiar. Con respecto a nuestros hijos e hijas. Tener más aperturas. Y empezar a cambiar esa rigidez que nos ha marcado tanto y que tiene que ver con una educación de muchos años.

RT: ¿Que desafíos son los más urgentes?

PR: El principal tiene que ver con la educación. Un cambio importante en el sistema educativo, del jardín a la universidad. Cómo se trabaja el contenido que se imparte. Ahí está el origen de lo que pasa. Llegar a las familias es más complejo. El camino nuestro es orientar todo a la educación. Empezar a hablar de géneros, de derechos, de forma más práctica para que las y los estudiantes puedan ser parte de esto y preguntar. Después, tiene que ver con los protocolos de denuncias y la posibilidad de visibilizarlo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here