* Por Pablo Rodríguez. Entre el 11 y el 12 de noviembre, el Monumental Sierras volvió a ser cine con un festival que congregó a dos mil personas con una propuesta que conjugó proyecciones, talleres, charlas, conciertos. Actores de renombre como Daniel Valenzuela y Jorge Marrale cruzaron experiencias con importantes créditos cordobeses y las incipientes producciones regionales y juveniles, en una iniciativa que pretende volverse parte del ecosistema cultural de Alta Gracia.

Como si el tiempo nunca hubiera pasado y las tres décadas de ostracismo y letargo que volvieron al Monumental Sierras un gigante en decadencia, hubiesen sido tan solo una olvidable pesadilla. Como si el auge de los video clubes y el advenimiento de las plataformas digitales no hubiesen ocupado ese lugar vacío. Como si Pepe (José Der Ohanessian) todavía continuase caminando los pasillos, linterna en mano, para ubicar a los espectadores en sus respectivas butacas.

Un poco así volvió el séptimo arte a brillar en la pantalla grande del coloso cultural más grande de Alta Gracia durante la primera edición del Festival Monumental Sierras de Cine y Artes Audiovisuales.

La grilla conjugó producciones de la región, una muestra de cine joven, charlas y talleres, un concurso de cortometrajes y proyecciones de películas con la presencia de consagrados y futuros referentes del cine cordobés y nacional.

«De caravana», Daniel Valenzuela, «El Birque», Pablo Tolosa, «Maracaibo», Cristian Tapia, «Invicines», Rosendo Ruiz, «La chica que limpia», Gustavo «Laucha» Almada, «Seremos millones», Jorge Marrale, «La noche más fría», Martín Subirá. Los nombres propios empiezan a resonar entre las dos mil personas que aceptaron el convite y se llegaron por el gigante de la Avenida Belgrano.

Entre el equipo organizador advierten que se abrió un umbral, una puerta, una ventana. Que Alta Gracia dio cuenta de la necesidad de consumir cine. Que solamente hay que proyectarlo para que haya una respuesta.

El corolario con la Banda Sinfónica de Córdoba, interpretando música de películas, brindó la cuota de emoción justa para dos jornadas en las que la nostalgia de un pasado feliz se dio la mano con el ímpetu presente y el promisorio futuro, en torno de la producción audiovisual: un arte que, evidentemente, requiere atención y un festival que lo proyecte.

Llegó para quedarse

La organización estuvo a cargo de un colectivo de vecinas y vecinos, comprometidos con la actividad cultural, y la Municipalidad de Alta Gracia, a través de diversas áreas. El evento fue declarado de interés cultural.

Hernán Sonzini, parte de este equipo de trabajo, destacó que el Festival Monumental Sierras de Cine y Artes Audiovisuales abre una pantalla nueva para el circuito de eventos del séptimo arte y genera expectativas. Asimismo, destacó la importancia que implica para una aventura semejante, contar con el apoyo de «gente muy comprometida» como Daniel Valenzuela y Jorge Marrale, que además de arribar a Alta Gracia a presentar «La noche más fría» y «Maracaibo» respectivamente, estuvieron permanentemente interactuando con los presentes y observando otras producciones; y Pablo Tolosa, quien dio un taller y también se puso al hombro la conducción y animación del evento.

Daniel Brian, otra de las cabezas del evento, también consultado por Tortuga, repasó que desde el origen, el evento fue pensado, contemplando que «la gente tiene mucha cultura audiovisual» por la oferta que llega desde los canales de streaming y las salas comerciales. Y que a partir de ese diagnóstico, se pensó el Festival como una alternativa para sorprender al público con un cine «que tiene que ver con una industria más artesanal o amateur, o películas que se toman su tiempo para contar una historia, crear un personaje consistente».

Brian adelantó que el objetivo del Festival es incorporarse a la grilla de propuestas culturales de la ciudad. «Es un evento necesario, porque el lenguaje audiovisual es necesario. La idiosincrasia de la ciudad está también en las historias que se cuentan con las imágenes«.

Indicó que ése es el espacio que viene a cubrir este Festival y que por eso se escogió a Pepe, el acomodador (José Der Ohanessian), como imagen icónica del logotipo del evento. «Estamos detrás de acercar el cine nacional, regional, provincial, con identidades visuales muy marcadas para que empiece a tener efecto en la gente de acá», completó.

Finalmente, ponderó la labor que realiza el Cineclub Casero con propuestas que semana tras semana, acercan el cine a las familias de la región. «Que nosotros estemos acá tiene que ver con gente que viene trabajando hace mucho en cuestiones audiovisuales», dijo y reforzó: «Ese espacio está y está bueno que lo defendamos. Este festival viene a complementar eso».

Pantallas federales

Daniel Valenzuela y Jorge Marrale, además de actores, son miembros de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (Sagai). Desde ese doble rol, recorren festivales a lo largo y a lo ancho del país, presentando sus producciones y tomando contacto con estos puentes entre las películas y los públicos; muchas veces interrumpidos por las lógicas comerciales del mercado cinematográfico.

«Me siento feliz porque entiendo que es en los festivales donde mejor se sienten las películas, porque podés compartir con el público. No es que la mirás y te vas a tu casa. Eso pasa en los festivales. Este Festival ha llegado para quedarse. Este cine es una hermosura, no hay en Buenos Aires muchos cines como éste. Tiene que crecer más».

El que habla es Daniel Valenzuela, quien tiene en su haber decenas de películas y programas televisivos; pero que además, en un punto de contacto con su Misiones natal, creó junto a Juan Palomino el Festival Internacional de Cine de las Tres Fronteras, que reúne producciones de Argentina, Paraguay y Brasil. Desde ese lugar, evoca a este formato como imprescindible para democratizar el séptimo arte: «Se da una mancomunión entre el público y quienes arriban para representar a las películas».

Valenzuela sostiene que en un contexto en el que «producciones nacionales no tienen pantalla», los festivales permiten que los trabajos circulen. «Hay que darle importancia al cine en pantalla grande; sentarte en una butaca para ver las películas tiene otro condimento«, expresó. Y concluyó que hay que defender al cine nacional frente a los «tanques» que «te ponen un montón de películas que verdaderamente no tienen nada que ver con nuestra idiosincrasia y se manejan por oferta y demanda».

Jorge Marrale, por su parte, quien preside Sagai, destacó que «es muy aleccionador que las provincias vayan teniendo industria de cinematografía y audiovisual en general, y que empiece a circular«. Subrayó: «Ése sí que es un cambio muy significativo, que hace la producción nacional, que históricamente estuvo concentrada en Buenos Aires».

Reforzó el concepto Marrale, al sentenciar que «hay que federalizar la producción audiovisual» para que «el cine argentino sea realmente argentino y no solamente una mirada desde Buenos Aires».

Coincidió con Valenzuela en que «hay que fomentar que el cine no desaparezca como lugar físico» para que las películas puedan circular y estar al alcance de los públicos, sin que necesariamente haya una suscripción a plataformas digitales de por medio.

Y finalmente, comprometiendo su acompañamiento para la continuidad del Festival de Alta Gracia, exhortó a la comunidad de Alta Gracia y la región a defender este evento y todos los que promuevan la producción cultural: «Se necesita dinero porque el audiovisual es caro, pero hay que hacerlo y pedir apoyo. La industria audiovisual en el mundo está ocupando un espacio enorme. Está movilizando mucha gente, mucho dinero y hay mucho trabajo paralelo cuando se hace una película o una serie«.

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