Con un desprejuicio tan extraordinario como su figura y su historia, Javier Rossetti, frontman y guitarrista de la banda de rock altagraciense “Un Grandote y Dos viejos” (IGYZV), cuenta en esta entrevista con el programa “Tarde para Tirar la Toalla” de la Radio Tortuga 92.9 cómo es que a los 37 años, primero con el bajo y más tarde con la guitarra, dejó de ser público y se subió a los escenarios.

Con acelerada naturalidad, Javier Rossetti introduce la charla contando que a los 40 años se incorporó a la banda “Gonnaway” (después “Gonna”), a la que define como su “primera banda seria”. Ahí tocaba el bajo. “Me invitaron a tocar por medio del trompetista que toca ahora en ‘Un Grandote y Dos Viejos’, y fui de una. Largué a tocar con tónicas y con el tiempo fuimos mejorando, y también hacía coros. Y fue saliendo la historia de escribir y componer”, recuerda.

RADIO TORTUGA (RT): ¿Vos no tocabas nada?

JAVIER ROSSETTI (JR): No. Yo le dije a mi compañera que cuando terminara la casa y nos mudáramos, al otro día me iba a comprar el bajo.

RT: ¿Por qué el bajo?

JR: Había bandas que escuché siempre y a las que le prestaba especial atención al bajo. A las canciones les daban la polenta. Mi idea era tocar algún instrumento. En la adolescencia fui a algunas clases con mi amigo de toda la vida Julio Ferreyra (Yul) y no me sentía bien. Tengo una hija de 31 años, a los 18 fui padre; se relegó un poco toda esta historia y quedó en el tintero esto de pensar que algún día podría tener una banda.

Cuenta Javier Rossetti que en su casa familiar, la música siempre estuvo presente con Julio Iglesias y Jorge Cafrune, entre los gustos de su madre y su padre respectivamente. Recuerda como primer antecedente de su interés por subirse a un escenario, una audición fallida para el coro de la Escuela Santiago de Liniers en sexto grado: “Imagínate los nervios que tenía, no entoné nada y para mí fue un bajón. Tenía mucha expectativa. Me gustaba mucho la historia de cantar”. En séptimo grado pudo incorporarse, lo que recuerda con mucho cariño.

Menciona su padre hizo el recorrido inverso a él: “Tocaba la guitarra, se casó a los 33 y dejó”. Recuerda que fue lo alentó mucho en esta aventura adulta de inclinarse al rock: “Creo que estaba más contento que yo”.

Al repasar sus primeros gustos musicales, cita en la adolescencia el impacto que le generó “Don Cornelio y La Zona”, la banda que supo comandar “Palo” Pandolfo en los años ’80. “Fuimos a todos los Chateau Rock con ‘La Flaca’ (su compañera) en 1987, ’88, ’89 y 1990”, subraya, haciendo referencia a aquellos festivales bisagra para la difusión del género, y uno de los antecedentes de los megafestivales de la actualidad. “En esa época se escuchaba cassette. Y en el grupo de amigos, con el Adri Innocenti, Julio Ferreyra, Jorgito, Dani Brian, alguien se compraba un cassette e íbamos todos a escuchar ese cassette y después lo copiábamos cuando aparecieron los doble cassettera. Íbamos a un local que grababa música y mezclábamos un disco de Calamaro y Don Cornelio y nos pasábamos el cassette una semana cada uno. Era muy divertido”, rememora de los tiempos en que empezó a forjar su gusto musical.

RT: ¿Y acompañaste la movida del rock local de la época como público?

JR: Hasta el día de hoy. Cuando me entero que toca una banda, voy.

RT: ¿Pero en aquella época no te tentabas a tocar?

JR: Lo veía como algo muy lejano, no sé qué sucedió que nunca me puse a hacerlo. Cuando Julio, Tito, Mauri y Carli arman “No Sabe No Contesta”, una banda de rock local que tuvo muy linda repercusión; yo estaba ahí siempre que podía. Me encantaba. Iba, me sentaba en la alfombra a ver cómo componían y tocaban. En la época de “Plesi”, era proveedor de bebidas (risas). Yo soy un personaje de esos… Hoy es raro que sea al revés, que yo esté tocando y esté Julio y los chicos del otro lado. Es una materia pendiente mía que la estoy ejecutando y la estoy pasando bien.

RT: ¿Cuándo le dijiste a tu compañera que te ibas a comprar el bajo al terminar la casa?

JR: Creo que desde siempre. Yo era un loco que a los 15 o 16 años llegaba a casa del colegio, dos de la tarde empezaba “Alternativa” con Mario Luna, por AM en un momento y después por FM, y me tiraba en la cama a escuchar al locutor y la música que ponía. Y eso que no ponía cosas locas. Pero sí ponía Siete Delfines de cortina… y la voz del loco, cómo te hablaba. Un día contó la historia de (Pink) Floyd… ¡Hermoso! Yo me sentía en el limbo. Son vivencias personales mías con la música. Cuando la conocí a “la Flaca”, tenía 15 años y ella era fanática de Charly García y yo ni sabía quién era.

RT: ¿Tenés registro de cuando te hizo el click para querer estar del otro lado del escenario o qué te motivó?

JR: No. Nunca pensé. Todo se fue dando. El tiempo me fue alineando en ese tema. Yo tuve un cambio muy grande, después de algunos mocos que me mandé en mi vida, que fue hacer yoga. Eso me dio más centralización en mí y pensar en dónde estoy parado y para dónde quiero ir. Creo que eso tiene mucho que ver. De ahí sale esta historia de poder escribir, ir a tocar la guitarra. Esto fue después de comprar el bajo. Tomé clases de bajo con David Eizmendi unos siete u ocho meses. Era un instrumento al que sentía que le faltaba una bata. Entonces empecé a grabar cosas por la PC como bases de batería. Entonces me divertía un poco más. Después al bajo lo dejé y me compré una guitarra. Una rica y barata pedí.

RT: ¿Qué sentiste cuando empezaste a sacar canciones?

JR: En la guitarra sacaba temas que gustaban. Fue muy loco sentir que podía tocar y cantar una canción. Otra cosa muy loca fue empezar a tocar a los 40 años con “Gonnaway”. Los locos me re bancaron. Nos seguimos viendo. Me llevó a tocar en vivo, haciendo coros y tocando el bajo. Me divertí mucho. Me siento cómodo de un lado y del otro del escenario; nunca programé ser cantante de rock.

Cuenta Javier Rossetti que en el repertorio de “Gonnaway” se incorporaron dos canciones suyas, que fueron precisamente las primeras que compuso. “Paralelamente, en mi laburo, con dos flacos, uno violero y otro baterista a los que les gustaba el rock, nos empezamos a juntar. La banda duró seis meses, pero en ese tiempo compramos equipos, grabamos tres canciones, una de cada uno, porque componíamos los tres y cada uno cantaba sus canciones. Fue hermoso. ‘Muñecos Imaginarios’ nos llamábamos. El nombre de la banda sale de un tema del primer disco de The Cure, ‘Three imaginary boys’. Ahí ya tenía más canciones. Facu Hagopián, que tocaba la guitarra, se fue a estudiar para guardaparques en Misiones, así que me quedé con el sonido, pagué las partes y quedé solo. Rodrigo se fue a Córdoba y de a poco se empezó a gestar esto que tenía en mente”.

Entrevista a Javier Rossetti, Parte 1

“Un Grandote Y Dos Viejos” es una banda de canciones de rock, que apuesta por shows con distorsión y volumen en tiempos en los que lentamente se está recuperando la presencialidad. “La banda se llama ‘Un Grandote Y Dos Viejos’ porque Pablito Pasín arrancó tocando la batería; tocaba el bajo Estanislao, mi hijo, que es grandote, mide 1,92; y el otro viejo soy yo. De ahí viene el nombre”, indicó Javier Rossetti, quien repasó que al irse de la banda Pablo Pasín y enojarse su hijo, la banda quedó sólo como idea personal de él. Después se incorporó Gastón, un baterista de 19 años, volvió Estanislao y Diego Ortiz se sumó en trompeta y Miguel Ángel Amoruso en harmónica. Incluso destaca Javier que se contó en un par de shows con intervenciones de mimo de Marcos Molina. “La idea es pasarla bien por más que sea rock y haya canciones oscuras”, subrayó, aunque aclaró que en el sonido más actual, se van incorporando canciones pop.

RT: ¿Qué rutina tienen?

JR: Es complicada porque Juan Diego y yo tenemos horarios rotativos en nuestros trabajos, así que vamos arreglando. Los ensayos son divertidos, cuando hay que arreglar algo se para, bajamos el tempo, damos una vuelta más, todos tiran ideas. Ensayamos una vez cada diez días o una vez por semana. Yo en lo personal con Estani tengo una maquinita para enderezar el tempo, que en la cuarentena nos vino bárbaro. Es un aparatito con diferentes bases de batería. Ahí arreglamos todo. En cuarentena ensayamos dos horas por día con mi hijo. Eso estuvo muy bueno para afianzar el toque”.

Javier Rossetti compone en su guitarra criolla y va anotando pedazos de letra en el celular, conforme arriban a su cabeza. “Me fluyen”, grafica, antes de mencionar con total desparpajo que ha perdido ideas y letras por desperfectos técnicos propios de esta hipervirtualidad. “Así que no tengo nada escrito y mi mente no está produciendo nada”, concluye a modo de humorada. Recientemente tocaron al aire libre en Cañito Cultural. Javier Rossetti adelanta que la idea de la banda es conseguir más fechas y grabar algunas canciones para dejar registro.

Entrevista a Javier Rossetti, Parte 2

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