Por Cecilia Fernandez / Estudiante de Sociología (UNVM)

Hoy leí el escrito de una compañera y eso me llevó a escribir, a querer plasmar humildemente algunas líneas para sumar a la reflexión colectiva de la crisis que estamos atravesando como mundo.

Pienso en conceptos como “fin del capitalismo” y “fin de sistemas reinantes en general”. Me baso en Argentina como país y como sociedad en particular. Reflexiono sobre «aislamiento, individualismo y sálvese quien pueda».

Pienso en el capitalismo como dogma, como sistema, como lógicas, como mecanismos obsoletos. Como matriz sobre la que se posan y desde la que parten nuestras prácticas. Como estructura estructurante de modos de operar, decir, hacer, pensar, contar, amar, sentir, reproducir, y un sinfín de etcéteras.

Digo obsoleto, si, y lo vuelvo a decir. Lo afirmo, y retomo sus dogmas y principios: dejar hacer, dejar pasar, dejar que el otro haga sin más, sin tener en cuenta a un otre o dicho de otro modo, teniendo en cuenta su propio interés y beneficio.

Esto no sería algo negativo si lo pienso en intereses de clase despojadas, en un contexto de lucha ante una injusticia, de reivindicación de derechos perdidos o robados.

Esto es negativo, porque su modus operandi está teñido por el individualismo y el egocentrismo del “sálvese quien pueda”. Claro está que ni el primer ministro británico, Boris Johnson ni el mismo Donald Trump pueden salvarse siguiendo esta receta.

Me pregunto: ¿Cuál es la receta? O voy más lejos, ¿serán las recetas del liberalismo/ neoliberalismo las que indicarán la salida a esta situación cuasi apocalíptica?

Me remito a los hechos, a los acontecimientos recientes, a los discursos públicos de líderes de países centrales, referentes de organización política y económica. Potencias mundiales con los más altos sistemas de salud, equipados en tecnología y avances científicos en general. Economías solventes, con bases estables, con mercados prominentes e índices altos de PBI. Dueños del mundo que derrochan poder y supremacía en todas las materias. Son reyes hegemónicos de su sistema. Conocen las leyes, las manejan, las manipulan a su favor desde tiempos remotos.

Construyeron castillos, fortalezas, murallas, muros, reglas, constituciones, organizaciones mundiales y con ellas estatutos para gobernar el mundo y sus economías. Nos gobernaron si, a nuestra cultura y nuestra economía, y todavía lo siguen haciendo.

Me surge el interrogante, o la curiosidad, por reconstruir lo dicotómico de pensar que, si bien elles nos expulsaron de su mundo con muros y leyes, estuvieron y están presentes hasta en el más remoto lugar de nuestra sociedad. Tanto en el BCRA como en la villa miseria más pequeña y escondida de Argentina.

Al mismo tiempo creo (como la mayoría de nosotres) en la inminencia de esta crisis, sucumbe a la economía, particular de cada país y con ello el sistema económico mundial, es decir, al capitalismo. Y con ello su conjunto de creencias ideológicas que se levanta por encima de y a partir de esta estructura económica.

Crisis como respuesta a un malestar mundial generalizado, no de un sector en particular, no de un grupo social, país, etnia o clase. El malestar nos llegó a todes. Algunes tendrán mejores condiciones o menos preocupaciones a la hora enfrentar una cuarentena y la posterior reincorporación mientras que para otres se hace cuesta arriba, pero como bien se repite casi a diario en los medios de comunicación, no hay distinción de ningún tipo.

Me resulta curioso pensar cual va a ser o está siendo el modo de operar de países donde circula a modo de lema cuasi universal el “sálvese quien pueda” ¿Buscarán en esas recetas ya arcaicas del neoliberalismo cuando el sistema económico muestre su museo de ruinas? ¿Serán los valores del individualismo los que orienten los nuevos modos de hacer, sentir, operar, etc.?

¿Daremos por fin con un nuevo paradigma económico? ¿Construiremos las bases de sistemas económicos en donde estén contenidos y contemplados los principios y valores que estén a tono con los nuevos tiempos que corren?

Como país y como sociedad, no creo que estamos exentos de responder a estos interrogantes, pero sí creo que hoy somos muches les que podemos decir, reconocer y sabernos contenides en el Gobierno que hoy nos conduce como sociedad. Con esto lejos estoy de pensar y tampoco afirmar que se sepa de forma acabada cuál va a ser la salida o solución y mucho menos dispone de presagios y oráculos para dar fin a la problemática.

Sí estoy convencida de algo, porque lo reconozco en la palabra de muches. Lo leo hoy en el escrito de mi compañera y también lo escucho en los medios de comunicación, en nuestro presidente, funcionarios del Estado, en mis amigues en mi familia y en toda la sociedad argentina en general: La solidaridad como modo de vida es urgente.

Ilustración: Agustina Dimario

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