Fernando "Chaka" Gómez y su última obra en Ciudad de Córdoba

Son pocas las personas que descubren cuál es la misión que vinieron a realizar a este mundo. En general transcurrimos nuestras vidas intentando descifrar cómo salir del laberinto de los días. Algunas luchamos por no convertirnos en piezas pequeñas y grises de la maquinaria que alimenta ese laberinto. Tan solo un puñado descubre y abraza su destino.

*Por Marcelo Riol

Para Fernando “Chaka” Gómez, el arte, la plástica, y la actuación siempre fueron parte indisolubles de su vida. Fernando nació en San Martín, al norte del conurbano bonaerense y si bien su madre lo impulsaba a las actividades manuales, su padre lo incentivaba a la práctica deportiva. Así la balanza se inclinó por el lado paterno y el arte se fue escondiendo dentro del pequeño Fernando. De ese modo el deporte ocupó la infancia, la adolescencia y gran parte de su juventud, y el genio quedó agazapado.  

Al mismo tiempo que Fernando de la Rúa conducía al país al precipicio, una rebelión interna expulsó a Chaka de la Universidad. Así pasó de cursar la carrera de contador público a inscribirse en la academia de artes de Nidia Velásquez primero, para luego tomar clases con los ilustradores Juan Bobillo y Marcelo Sosa. Fueron aquellos primeros maestros los que le abrieron el mundo del cómic, la ilustración y el modelado. Fernando se entregó al dibujo, experimentó con el aerógrafo, técnica que lo llevó directamente al tatuaje, actividad que aún no sería parte de su trabajo, como lo es ahora.

Sin embargo, aquella crisis que lo llevó a cambiar el rumbo en los estudios no había sido saldada. A pesar de que había profundizado la actividad artística, la ciudad y su forma de vida le provocaba profundos cuestionamientos. Fernando siempre pudo ver con nitidez como el sistema fagocita nuestra humanidad. Sensible a las injusticias, a la pobreza, a la violencia, no pudo y tampoco quiso quedarse callado. Esa sensibilidad está presente en su obra.

Hastiado de la vida de la ciudad, se refugió en Villa Ciudad de América. Entre la construcción de su casa y la adaptación propia a las sierras, el arte retrocedió algunos casilleros, sin embargo una vez liberado, el genio nunca más volvió a la lámpara. Durante el 10° Encuentro de Candombe que se realizó a Alta Gracia en 2016, se encontró con un amigo que lo invitó a un festival de muralismo que se realizaría en Montevideo. Aquel encuentro de arte urbano en el barrio de La Teja, sería un antes y después en su vida, allí comenzaría la metamorfosis que transformaría a Fernando en Chaka.

Aquella experiencia es donde pudo apreciar cómo el muralismo —a diferencia de otras artes plásticas, que suceden primero dentro de un atelier y luego son exhibidas en un museo— está condimentado por la vida del barrio, por la vecina que ofrece un plato de comida mientras Él pinta, por los niños que sin prejuicios toman un pincel y se hacen parte de la obra o por el transeúnte que detiene su marcha para esbozar una sonrisa silenciosa frente a un muro convertido en obra de arte.

El Festival Insettis de arte urbano en acción

LA CALLE COMO MUSEO

“Cómo hacemos para nivelar esta desigualdad, no todo el mundo tiene acceso a un museo. Yo soy un afortunado, pero muchas personas no tienen la posibilidad de entrar a un museo a ver pinturas. Bueno los festivales de arte urbano son un museo a cielo abierto”, así define Chaka a los encuentros de muralismo. No solo de los que ha participado como artista, sino también de los que ha organizado.

En nuestra ciudad fue el impulsor del 1° Festival de Muralismo Alta Gracia Se Pinta. De aquel primer encuentro, en 2017, quedan aún algunas obras que se pueden ver en los muros del sur de la ciudad. A pesar del éxito de ese primer festival, Chaka quedó mal herido por aquella experiencia. La traición a la autogestión de artistas independientes por parte de alguno de los integrantes del equipo organizador, llevó a Chaka a dejar de organizar el encuentro. Hoy el Alta Gracia Se Pinta es una marca asociada a los encuentros organizados por el municipio y está lejos del arte independiente y autogestivo.

Sin embargo esa experiencia no detuvo su carrera y en ese recorrido sus pinturas llegaron a galpones de productores agropecuarios en pueblos de nuestra pampa gringa, a los muros de la ciudad de San Lorenzo, en Santa Fe y también a los puentes de la circunvalación en la ciudad de Córdoba.

Para Chaka todo mural es colectivo. Una vez terminadas, las obras ya no pertenecen a lxs autores, sino a todx aquel que las contempla. En nuestra ciudad sus obras ilustran cuartos de niñxs, gimnasios, fachadas de comercios pero hay dos que se distinguen. En barrio General Bustos hay un mural de la Mona Gimenez que pintó junto a lxs vecinxs y en el pasaje de La Lealtad en la calle Lucas V. Córdoba pintó, junto a otrxs artistas locales, al popular Pepe Der Ohanessian, conocido personaje de la ciudad.

Inquieto y con la espina de la autogestión que siempre lo pincha, hace algunas semanas organizó el primer Festival Insettis de arte urbano, en el que una veintena de artistas intervinieron por completo el pasaje de La Lealtad. “Un verdadero museo a cielo abierto”, insiste Chaka.

Fernando “Chaka” Gómez, es parte de lxs selectos que encontraron la misión. No duda en cumplirla, no solo para sí mismo, sino también para combatir —aunque la lucha sea desigual— a la gigantesca maquinaria de la desigualdad.

Podes seguir en instagram a Chaka en @fer.chaka y al Festival Insettis en @insettisfestival

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