La indómita luz 

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Por Guillermo Morilla – El músico Luís Alberto Spinetta cumpliría hoy 74 años. Su obra es una de las más importantes en la historia del rock nacional, y exponente de una creatividad sin igual. El Flaco, un artista hacía el cual no se navega con indicaciones, sino que hay que perderse en sus aguas para encontrarlo.

No es, en principio, una búsqueda; hay acontecimientos que casi nunca – y más bien nunca- pueden ser concertados, y su manifestación depende única y exclusivamente del encuentro intempestivo. 

Quienes fuerzan los caminos rara vez consiguen dejarse arrastrar por la marea en el vasto océano que supone la obra del Flaco. Por eso siempre es mejor dejarse encontrar, como las olas que finalmente encuentran la orilla y se extienden sobre la arena de la playa proyectando sus figuras. 

Luís Alberto Spinetta no es un músico hacía el cuál vamos, sino que él viene a nosotros. Y cuando nos encuentra da la sensación de flotar entre nubes de algodón; la libertad de los pies en el pasto y el crujido que se siente al dejarse caer sobre la hojarasca otoñal; el hundimiento de las manos en la tierra, o en la harina junto con los dedos que se vuelven pan, amasar, amasar y ver sobre el mantel los platos de café. Un carrusel de maravillas y chocolatines, mordiscos suaves en la oreja y caricias en la piel.

Es absurdo querer interpretarlo, no es necesario. Arrojarse hacía Spinetta es abrir las puertas de la percepción ¿Qué es Cantata de Puentes Amarillos, sino una habitación rodeada de diversas puertas que se abren y se pliegan? 

Si la pálida ya nos arrastró, Luís aparece como una luz que diluye los miedos, los calma, los suaviza, y si quiere nos toca el alma. Barro, barro, barro tal vez… 

El Flaco, la piedra del zapato: “Que no se me entiende, que no se qué”. Hay cosas que no fueron hechas para entenderse, lo atractivo del laberinto no es precisamente su salida. Un fasito con amigos, “free style” de sensaciones, la suspensión temporal y física, el despliegue de lo onírico. 

Ni críptico, ni complejo. Ni culto, ni popular. Spinetta es el desgarro de las categorías, la supresión de lo unívoco y lo lineal, la deformación de cualquier molde: Artaud es el esquizo que no encaja en la repisa de los discos por ese incontrolable deseo revolucionario.

Vivimos tiempos de necesario cobijo spinetteano. Debemos apostar al encuentro, al encuentro con el otre, Luís eso lo tenía claro. “Y deberás plantar; y deberás crear; y deberás amar, amar hasta morir”.

¿Quién podría abrazar con tanta ternura como nos abrazó el Flaco? El pan sobre la mesa, el beso de mamá, el cariño de los hijos y los hijos de los hijos, el valor de la amistad: “El mensaje es ese, cuidá al que tenés al lado, cuidá la vida”. 

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