Desde hace algunos años, cada verano en el centro de la Plaza Solares se monta una carpa imaginaria al aire libre dentro de la cual se desarrollan diversas propuestas circenses a la gorra. Entre ellas, se encuentra la del payaso Pochosky, que visitó la Radio Tortuga 92.9 para dar cuenta de sus orígenes, entre Corrientes y el Chaco, y su extenso recorrido artístico y como gestor cultural, que lo ha llevado por más de una veintena de países y desde hace casi una década lo tiene afincado en Paravachasca.
«El maquillaje me genera mucha ansiedad, por eso trato de maquillarme tres o cuatro minutos antes de cada función, porque tengo que salir a exponer lo que siento y transmitir todo lo que soy dentro de una sola persona. Soy Pochosky, soy Pocho, cuando paso música como DJ soy Pinchosky, cuando trabajé durante 15 años en Brasil en el carnaval fui Mulatosky. Se va adaptando. Todo eso soy», introdujo la charla, en referencia a la pintura característica de su rostro, con el que se lo reconoce cada noche estival en el centro de Alta Gracia.
«Tengo muchos lugares que son mis hogares. Resistencia, Chaco; Misiones; hace un par de años estoy haciendo base en Anisacate; antes estuve viviendo en Córdoba. Y mucho antes viví en un colectivo, viajando y sin un lugar fijo», repasó a continuación, en referencia a sus orígenes y sus diversas residencias.
RADIO TORTUGA (RT): ¿Cuáles son las primeras referencias que tenés en tu memoria sobre el circo?
POCHOSKY (P): El circo en la esquina de la 9 de Julio y Avenida Las Heras, cerca del hospital (en Resistencia, Chaco). Cuando era chico no me gustaban los payasos, les tenía miedo. En el ’94 o ’95 me fui de vacaciones con unos amigos a Villa Gesell y vi cómo hacían espectáculos en la calle. Compramos kerosene y empezamos a escupir fuego, y me dije que «me gustaría hacer esto algún día». Ser el chico callejero que se pueda ganar unos mangos rápidamente. Tenía 16, 17 o 18 años. Después, una novia que tuve en Corrientes sabía hacer malabares con otra chica de Buenos Aires y me enseñaron. En Resistencia se hace la Bienal de la Escultura, con artistas de todo el mundo que realizan sus obras al aire libre. Un día decidí llevar mis pelotitas y compré kerosene para escupir fuego. Fui a la plaza, me puse el traje con el que se casó mi papá con mi mamá y una peluca. Hice malabares con pelotitas, escupí fuego y me tiraron plata. Esa noche había una fiesta electrónica en una fábrica vieja, me hicieron entrar gratis, escupí fuego y me regalaron vivida y me dije: «De esto quiero vivir toda mi vida». Al año siguiente, en el ’99, esperando la Bienal, vi a un grupo de Buenos Aires que tenían malabares de verdad, los míos estaban hechos con palos de escoba, botellas y «silver tape» (cinta adhesiva). Miraron mi espectáculo y me contaron que trabajaban en el semáforo. Ahí empecé a «curtir» Buenos Aires y asistir a convenciones de circo con artistas de toda la Argentina y diferentes lugares del mundo. Después me fui de vacaciones a Brasil a ver el Rock in Río, con los Red Hot Chili Peppers. Hicimos algunos shows, yo no sabía hablar nada de portugués. Fuimos a Camboriú, estaríamos una semana y después seguíamos, y a los tres días conseguí show en un boliche, en una fiesta, y empecé a trabajar en una peatonal. Hice 16 temporadas en Camboriú, armamos un espectáculo de carnaval en los boliches, con mulatas, capoeira, bailarines, música en vivo. Ahí yo era el comediante. Empecé a laburar de eso. En 2004, un domingo estando en Posadas (Misiones) vi un colectivo todo pintado y un montón de gente haciendo música, y mucha más gente alrededor. Me dejaron hacer mi espectáculo, pasé la gorra y me iba a tomar el colectivo a Chaco y me contaron del proyecto que tenían con el colectivo, con una radio y un cine móvil. Hablamos del medio ambiente y me dijo que lo que yo había hecho con una bola de cristal le hacía pensar en la última gota de agua sin contaminar del universo. «Con ese mensaje y tu espectáculo y el nuestro vamos a salir a recorrer el mundo», me dijo y yo me le quedé mirando. «Dale, ¿cuándo salimos?», le dije en broma y él me respondió: «Mañana». Me dejaron dormir en el colectivo y al otro día empezamos a viajar, y pasamos 15 años viajando por la Argentina y otros países. Hicimos una gira a la que llamamos «H2O», en defensa del agua y el medio ambiente, con atentados culturales, viajando a las marchas ambientalistas del país. Nos ayudaban con el gasoil, llevábamos yerba Titraijú, pasábamos la gorra, vendíamos discos, conocimos a León Gieco, a quien le produjimos dos espectáculos…
Cabe mencionar que por el proyecto «H2O», que desarrolló junto al músico misionero José Martín «Joselo» Schuap, Pochosky recibió una distinción en la sede de la UNESCO, en París, Francia.
RT: ¿Y cómo es que en ese recorrido llegás a Paravachasca?
P: Hace nueve años iba a ser padre y tenía dos amigos, Lautaro y Guada, que tenían el espectáculo «Chaska Circo» en la Plaza Solares. Ellos también estaban embarazados. Guada era acróbata aérea y no podía hacer su espectáculo. A su vez, yo no me podía ir a Brasil porque estaba esperando que nazca mi hija. Me dijeron de armar un espectáculo con Guille Vanadía, con Juanchi, que se llamaba «Circo Mágico», con el que trabajamos durante dos años. Después, nació mi hija y yo ya tenía una relación con el lugar, con el Valle. Hace diez años organicé el «Campayaso», un camping de payasos en el camping La Dominga, en Anisacate, con 200 carpas y talleres. A ese trabajo yo ya lo venía haciendo en el Chaco, con el nombre «Circo NEA», reuniendo artistas y escuelas de circo del Noreste Argentino.
De esta manera, a través de su recorrido personal, Pochosky da cuenta de su vida como artista y gestor cultural, que viene desarrollándose errante, con algunos territorios de base y el viaje como denominador común.
RT: ¿Cómo producís un espectáculo, sabiendo que vas a estar durante todo el verano en Alta Gracia y pensando que ya estuviste la temporada anterior?
P: La preparación es todo el día. Vivimos en un ritmo en el que es muy difícil poder parar. Yo tengo una valija con mis elementos de supervivencia. La improvisación tiene mucho que ver en la creatividad. Yo no puedo escribir en un papelito, diciendo que cuando venga un pelado voy a hacer el chiste del que tiene la peluca transparente. Son cosas que fueron surgiendo durante tantos años. Se va modificando todo, como el humor. Antes nos reíamos de cosas que ahora nos parecen una barbaridad. Y también el humor es humor, no es para ofender. La primera risa surge de uno cuando se cae, del error de la otra persona.
RT: ¿Y cuánto hay de entrenamiento?
P: Todo el tiempo. En los primeros cinco o diez años entrené mucho. Yo soy del interior, iba a Buenos Aires a una tienda que traía juguetes de Europa; me compré todos los juguetes. Tuve una tienda de malabares, me ponía a jugar con todo en mi casa. El entrenamiento es casi todo el tiempo. No tengo una disciplina de entrenar tantas o cuántas horas. Se me fue dando.
RT: ¿Qué te pasa con la respuesta del público? ¿Qué te genera una risa, un aplauso, un abrazo, una devolución gratificante?
P: …Que voy del lado correcto de la vida. Estoy contento y feliz de vivir de lo que hago y lo que me gusta. Eso no tiene precio.
Respecto a la pasada de «gorra», en particular, que es común en el arte callejero, dijo Pochosky: «La pasada de gorra es como un número o una canción más. Tiene una dramaturgia, con un momento de chiste. Siempre que hay plata de por medio, con tu mamá, con tu tía, con tu compañero de trabajo, se genera una tensión. Entonces, el chiste sirve para cortar esa tensión y explicar que un espectáculo en la calle no es menor que el de una sala. Trabajar en la calle permite que todos puedan disfrutar de un espectáculo; el que tiene para aportar y el que no tiene. Pasan muchas cosas en una pasada de gorra, se refleja lo que es la sociedad. El avaro va a ser avaro, aunque tenga; y el que tiene poquito, te va a dar lo que tiene con el corazón.
RT: En este contexto de ajuste económico, ¿cómo percibís la temporada turística desde tu lugar?
P: Es lo que se ve en todo el país, hay una economía que no está funcionando. La gente no tiene plata. Viene de jueves a domingo. La gente achicó. Los lunes y martes no hay gente. Hace cuatro años hacía funciones a las 12 y media de la noche, ahora a veces no podés hacer una porque no hay gente.
Los espectáculos de circo en la Plaza Solares se desarrollan todos los días a partir de las 21, con algunas oscilaciones en el horario de inicio, condicionadas por el movimiento del público y también el resto de las actividades que se desarrollan, tanto en el Reloj Público como en la explanada del Museo de la Estancia Jesuítica.








