La Pastoral Social, la Vicaria de los pobres y la Arquidiócesis de Córdoba suscribieron un documento titulado «Por un Código de Convivencia donde haya lugar para TODOS» en el que llaman a la reflexión respecto de las modificaciones que se quieren incorporar «entre gallos y medianoche» al Código de Convivencia de la provincia en la Legislatura y que, entre otros puntos, prohibirían la labor de las personas que limpian vidrios en las esquinas y restringiría el trabajo de las y los cuidacoches, conocidos popularmente como «naranjitas»; so pretexto de resguardar la seguridad vial y prevenir robos y acciones de violencia. «¿De verdad se cree que quienes se amparan en el trabajo de «cuidacoches» o «limpiavidrios» para cometer delitos o financiar adicciones, van a dejar de hacerlo sólo por recibir multas, días de cárcel o trabajos comunitarios?», se pregunta el comunicado.
«Creemos que se trata de un tema que requiere diálogo y participación de todos los sectores involucrados y de las distintas cuestiones a tratar, con el objetivo de encontrar caminos que sean superadores de las antinomias y polémicas que han generado algunas de las iniciativas planteadas en y para cambiar esa legislación», introduce el documento firmado por los espacios religiosos.
«Nos preguntamos si éste es el momento y la forma adecuados para dar el debate, en contexto de fin de año, cuando muchas personas están cerrando etapas, con el peso de todo lo transcurrido en un año difícil», agregan y plantean que «el apuro con que se ha planteado este debate no se corresponde con la gravedad de la problemática«.
Acto seguido, apuntan que «en cuestiones que afectan a tantas personas resulta fundamental generar espacios reales de escucha, para, luego, legislar buscando verdadera y sabiamente el bien común».
Y puntualmente, señalan que temas como los que involucran a las personas denominadas «cuidacoches» y «limpiavidrios«, y la siempre polémica tipología legal conocida como «merodeo» son profundamente controversiales: «En muchos casos existen excesos, extorsiones, delitos y terceros que se benefician de estas situaciones. Pero también es cierto que, para muchísimas personas, esta es su única forma de subsistencia, y realizan su trabajo con responsabilidad y buen trato».
En virtud de dichas observaciones, plantean preguntas que invitan a la reflexión sobre el tema:
¿Qué oportunidades les vamos a ofrecer a trabajadores que nadie reconoce?
¿Qué hacemos con quienes hoy trabajan en la calle mientras se capacitan o buscan un empleo digno?
¿No podemos encontrar alternativas ordenadas, basadas en el respeto y la responsabilidad?
¿Cómo abordamos de manera integral las problemáticas de las adicciones y la falta de vivienda?
¿Logramos insertar o reinsertar a quienes tienen procesos penales?
¿No generamos resentimiento y bronca cuando se producen detenciones por “portación de rostro” o cuando se criminaliza a quienes se movilizan en moto porque no tienen otra forma de ir a trabajar?
¿De verdad se cree que quienes se amparan en el trabajo de «cuidacoches» o «limpiavidrios» para cometer delitos o financiar adicciones, van a dejar de hacerlo sólo por recibir multas, días de cárcel o trabajos comunitarios?
¿Se cree, de verdad, que estas medidas realmente ayudarán a encauzar las situaciones problemáticas, o se las impulsa, simplemente, para tapar el problema?
Y concluyen, con una anécdota del arzobispo Ángel Rossi, que en el marco de la presentación del libro «Nadie se salva solo», sobre el abordaje de las adicciones, compartió una experiencia vivida durante una visita del fallecido Papa San Juan Pablo II a la ciudad de Santo Domingo, en República Dominicana, donde pudo ver el llamado «muro de la vergüenza», construido para tapar a los sectores más pobres: «Este testimonio nos interpela profundamente: no se trata de esconder la pobreza, sino de generar trabajo registrado, promover la inclusión y brindar oportunidades reales para ir derribando esos muros».
Concluye el documento, planteando que «ante problemáticas tan complejas no existen soluciones mágicas» y que «es necesaria una construcción colectiva, donde el verdadero diálogo sea el protagonista».
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