Entre el 29 de mayo y el 9 de junio la consultora Dialogía llevó adelante un relevamiento en la provincia de Córdoba que develó, entre otras conclusiones, que en el último año empeoró la vida de seis de cada diez personas, ejerciendo presión sobre las prestaciones públicas. En términos políticos, en tanto, se observó que 7 de cada 10 personas considera que el peronismo tiene su ciclo agotado en la provincia; pese a lo cual la figura con mayor adhesión como precandidato presidencial es Juan Schiaretti y entre los dirigentes con mejor imagen pública, los primeros tres de la lista pertenecen al oficialismo.
«Las principales preocupaciones ciudadanas se ordenan en torno a la seguridad, la educación y la salud. El desempleo, preocupante, parece morigerado por el fenómeno del multiempleo y el crecimiento de la informalidad laboral, particularmente aquella vinculada a las aplicaciones de delivery y transporte», concluyen desde Dialogia, en relación a lo relevado.
En cuanto a la gestión del Gobierno Provincial, en tanto, indicaron que cuenta con núcleo firme de apoyo apenas por encima del 30%, que se ve atravesado por el descrédito derivado del femicidio de Agostiva Vega y sus implicancias políticas.
«En este contexto, 7 de cada 10 cordobeses consideran que el peronismo cordobés carece de ideas nuevas para mejorar la vida de la gente» y que las apuestas del oficialismo parecen centrarse en una valorada agenda proactiva de obra pública y en acentuar la dimensión social de la gestión; que no estarían siendo valoradas por la población.
Paralelamente, observan desde Dialogía que asertivamente los sectores opositores a la gestión provincial apuntan sus críticas hacia la «corrupción«, en coincidencia con la percepción de 8 de cada 10 encuestados respecto a «altos niveles de corrupción en el gobierno provincial»; pese a lo cual no estarían por ahora capitalizando eso en un eventual escenario político electoral.








Concluye Santiago Martínez Luque, director de Dialogía, que «el mapa de liderazgos provinciales se muestra altamente fragmentado» y remarca que «ningún dirigente opositor logra, por sí solo, eclipsar la centralidad del Gobernador Llaryora, con la única excepción de Juan Schiaretti dentro del propio espacio oficialista».
Analiza que esta fragmentación es el «reflejo de una crisis más profunda de la política tradicional«, en el marco de la cual es posible avizorar un «escenario electoral atomizado, donde la capacidad de tejer acuerdos y articular espacios mediante una compleja ingeniería política será el gran desafío para todos los actores».
Aún así, cierra Martínez Luque planteando que tanto para el oficialismo como para la oposición el reto más relevante será «renovar el diálogo con las mayorías ciudadanas y reconstruir una agenda de futuro que resulte verosímil para Córdoba».
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