Germán Lener: «La agroecología es hoy una obligación ineludible»

0

Por Marcelo RiolDurante el II Encuentro de Agroecología y Regeneración, realizado el 7 de agosto de 2026 en Alta Gracia, se presentaron cinco disertaciones a cargo de expertos en producción agrícola regenerativa, científicos y profesionales. Días después del encuentro, conversamos con Germán Lener para profundizar en algunos aspectos que su exposición dejó abiertos.

Lener es investigador adjunto del Conicet y profesor adjunto en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba. Su trabajo se centra en la ciencia de materiales con aplicaciones en el almacenamiento de energías renovables y en la degradación de pesticidas, siempre a partir de materiales libres de metales conflictivos. Su propósito principal es comprender los fenómenos físico-químicos a escala atómica que rigen estos procesos, de modo de potenciar los resultados deseados y mitigar los adversos.

Abordando aspectos menos técnicos y más culturales de su charla en el II EAR, Lener se refirió al diálogo creciente entre el conocimiento técnico-científico, la ciencia de datos y la agronomía moderna, y a los debates que este intercambio genera respecto de las prácticas convencionales. Señaló que “en los últimos cinco a diez años se ha intensificado notablemente el vínculo entre la ciencia y la agroecología, tanto en el ámbito académico como en emprendimientos impulsados por personas con sólida trayectoria en la transición desde la agronomía tradicional”. 

En Argentina, agregó, “ha crecido el trabajo conjunto entre el Conicet, las universidades y la agroecología en diversos centros de investigación, varios de ellos con referentes de nivel mundial. Gracias a estas asociaciones, numerosos productores y municipios han transformado campos de monocultivo en paisajes productivos multifuncionales, aumentando de manera significativa la biodiversidad y manteniendo —e incluso elevando— el rendimiento de granos. Esto ha permitido construir agendas de transición a distintas escalas. El país cuenta hoy con científicos de referencia en el monitoreo de la degradación de ecosistemas provocada por la agricultura dominante, en remediación ambiental y en el diseño de sistemas productivos”. El intercambio, subrayó, es constante y espera que siga creciendo.

Respecto de la ciencia de datos, Lener consideró que, “bien utilizada, constituye una herramienta muy valiosa: permite diseñar el paisaje de forma más eficiente, monitorear eventos y procesar grandes volúmenes de información asociados a múltiples variables. Insistió, no obstante, en «la necesidad de saber qué se está usando, tener claro el objetivo y elegir el modelo adecuado”.

Desde su experiencia, el investigador sostuvo que, «a esta altura, la agroecología ya no es una mera opción de transición, sino una obligación ineludible. A nivel global, más del 60 % del suelo fértil y la totalidad de los cuerpos de agua se encuentran en riesgo de degradación total en los próximos cincuenta años, principalmente a causa de la producción agrícola-ganadera. La tasa de extinción de especies se acelera año tras año, y sin biodiversidad ni agua limpia resulta imposible pensar en un presente y un futuro sostenibles. En el plano familiar, muchas unidades productivas dejan de ser una garantía de trabajo para las próximas generaciones.”

Lener destacó que “la agroecología impacta en prácticamente todos los sectores. Además de producir alimentos libres de pesticidas —que, según diversos estudios, presentan un mejor perfil nutricional y una mayor biodiversidad de microorganismos beneficiosos para el intestino—, genera otros efectos positivos relevantes: ahorro de energía y agua, regeneración ambiental (al utilizar insumos locales derivados del procesamiento de la biomasa del lugar se reduce de manera drástica el consumo de agua y energía asociado a la síntesis y el transporte de miles de kilómetros de sales y agroquímicos), incremento de la biodiversidad local y de los servicios ecosistémicos que mejoran la salud de los habitantes, generación de emprendimientos locales (equipos de trabajo de decenas de personas dedicados a la preparación y logística de bioinsumos), desarrollo de mercados de cercanía y una notable disminución de residuos, gracias al compostaje y el reciclaje de materia.”

Finalmente, sobre el modo en que la agroecología favorece la biodiversidad y el cuidado del paisaje como patrimonio cultural vivo, y los beneficios sociales que ello genera, Lener explicó que “numerosos estudios indican que los paisajes funcionales producen bienestar en sus habitantes, desde lo microscópico hasta lo visual. Esto hace que las personas disfruten de habitar las unidades productivas y genera una sinergia que estrecha lazos entre individuos y comunidades, integrándolos como parte del ambiente que habitan.”

En un contexto de crisis ambiental global, las palabras de Lener reafirman que avanzar hacia la agroecología no es solo deseable, sino imprescindible para garantizar además de suelos, agua y alimentos sanos, también un futuro posible.

Imagen: Xoi Villalba

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí