Por Marcelo Riol – En la sala de la casa familiar, las quenas, el charango o la guitarra, no son distintas de otros juguetes. La niña elige indistintamente. Mientras su abuela agita el plumero, canta y la envuelve con la voz de lo cotidiano. Anticipándose al destino la pequeña juega a que también es cantora. Igual que en la casa de Río Tercero, donde nació, hoy Maru Chamella juega para crear.

Sin embargo la semilla que dio comienzo al recorrido artístico de la cantante y multiinstrumentista, no la sembró solo la abuela. Su padre recorrió con su guitarra diferentes espacios y agrupaciones de folclore, de alta poética social. Es a dúo con Don Rubén cuando empieza a cantar. De allí el enlace directo con Víctor Jara, con Violeta Parra y la espesura de la música popular latinoamericana.

Fueron estos primeros buscadores de historias los que la condujeron a estudiar piano en el conservatorio. Pero a poco estaba de concluir una carrera de casi diez años, cuando contrariada por la idea de que no eran suyos los deseos que estaba cumpliendo, la dejó. Abandonó también el instrumento y al tiempo la familia vendió el piano. Curiosos son los caminos que nos llevan a encontrarnos con nuestra verdadera esencia.

Ella, «La Maru», afirma que la música es en parte matemática, un poco para bromear con ella misma, cuando recuerda que cursó, ya en la ciudad de Córdoba, un año en Ciencias Económicas. Puede suceder que a quien la haya descubierto en alguno de los muchísimos conciertos de estos últimos años, le cueste creer que alguna vez Maru Chamella pensó ser contadora.

Al final de aquel año, donde coqueteó con el mundo de las finanzas y descubrió que ése tampoco era el camino, comenzaron una serie de movimientos que, encadenados, continúan hasta el presente. Empezó a cantar, primero con un dúo. Luego comenzó a tomar clases de canto. Algún tiempo después, siguiendo el llamado de la música, estudió composición en Villa María.

Unos años después volvió a su ciudad natal. Allí fundó «La Grieta», un centro cultural donde pudo explorar toda su capacidad, no solo como artista, sino también como gestora cultural. Recuerda esa época con cariño, aunque cree que hoy con ese nombre, el centro cultural sería un fracaso.

Desde que comenzó a cantar, desarrolló una riquísima y ascendente carrera que, entre cosas, la tuvo como integrante de la banda de Viviana Pozzebón. Participó de Mujertrova, Movimiento de Mujeres Trovadores de Argentina. Compartió espectáculo con Juan Pablo Toch y Santiago Bartolomé. En noviembre de 2014 lanzó junto al pianista Mariano Vélez, «Patio Estrellado de una Noche de Verano».

Un disco de altísima calidad musical, que la encontró en máxima plenitud expresiva. Sutil, contundente, este trabajo tiene todas la condiciones para convertirse en inoxidable. «Patio Estrellado de una Noche de Verano» fue producido de forma independiente y desde su estreno está disponible en distintas plataformas para su descarga gratuita.

En 2020 con su primer hijo en camino y junto al guitarrista Bernardo Yde, publicó «Música del Agua». Un trabajo de cuatro canciones en el que se mezcla lo más profundo de la música latinoamericana, aires de rock psicodélico y el pulso de una nueva vida en camino.

Imagen: Guara Calvo

El presente

La actualidad de la cantante está atravesada por los cambios y movimientos de los últimos años. Se instaló junto su familia en La Paisanita, en medio de las sierras, en 2019. Allí transcurrió los meses de aislamiento por la pandemia, el embarazo y recibió al niño. Recién hace algunos meses sobre el final de 2021, durante la segunda feria gráfica Churrinche, volvió a los escenarios.

Hizo algunas presentaciones solista y trabajó en la consolidación del trío que lleva su nombre y que lo completan Jerónimo Aceituno en percusión y Bernardo Yde en guitarra.

Hace algunas semanas se presentó en el primer Festival de la Canción del Valle, organizado por el Cañito Cultural, aqui en la ciudad de Alta Gracia. Aunque la actuación fue a solas con su guitarra, Maru afirma que nunca es en soledad. No solo porque allí está la música y el público, sino porque dentro de ella conviven otras que tienen sus voces propias.

De ese modo presentó allí a Sodia Cloride, una versión de sí misma, una alter ego surgida de las conversaciones internas que le propuso la soledad, que de algún modo trae el puerperio. Sodia Cloride, también fue cocreada por Pato Cuco, amiga y también artista, con quien suele romper el amoroso hechizo de madre primeriza.

Sodia/Maru expresa la creatividad incontenible de una artista que reniega de la comodidad conseguida. Es excusa para investigar nuevas formas. Es la punta del piolín del que tira, para desenrollar la madeja que encierra nuevas canciones y desafíos.

Inquieta, no solo profundiza el trabajo con el trío, y afina a Sodia como personaje, sino que en los últimos meses se incorporó a Petra Ikhor y lxs Hijxs del Kosmos, un ensamble de poesía y música. Con ellxs la palabra toma particular protagonismo y se monta sobre capas de música y voces traídas del universo de la improvisación.

Igual que la niña de la casa de Río Tercero, la que se anticipó al destino, aun hoy mantiene ligado lo creativo al espíritu lúdico que da sentido a la vida. Mientras pueda jugar, todo en el universo de Maru Chamella estará bien.

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