El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), del Centro de Almaceneros de Córdoba, reveló que en abril la inflación fue del 2,63%, un 0,7% por debajo de la de marzo. Paralelamente, advirtió que hay una «contracción de la demanda» y que «la financiación de consumo básico comienza a mostrar signos de saturación, con tarjetas de crédito al límite, incremento de pagos mínimos, un sistema de fiado con morosidad del 27% y niveles de incobrabilidad del 16,8%».
La inflación de abril, calculada por el IETSE, exhibe un número 0,7% por debajo del de marzo, consecuencia de una menor presión estacional en el rubro educación tras el impacto de la canasta escolar en marzo; la moderación en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que descendió del 5,6% al 3,9%; y la desaceleración en alimentos y bebidas sin alcohol, que pasó del 3,6% al 2,1%.
«Sin embargo, esta desaceleración debe ser interpretada con cautela. En el caso de alimentos, el menor ritmo de aumento no responde a mejoras estructurales sino a una marcada contracción de la demanda, producto del deterioro del poder adquisitivo«, alertan desde el organismo, dependiente del Centro de Almaceneros de Córdoba.
De esta manera, el primer cuatrimestre del año acumula una inflación de 12,1%, superando en 2,1% lo previsto en el Presupuesto Nacional 2026 para todo el año. En términos interanuales, en tanto, la inflación alcanza el 32,1%, proyectándose un cierre anual cercano al 34,5%.
«En este contexto, la persistencia inflacionaria, combinada con la caída del salario real, impacta de forma directa sobre los hogares, especialmente en los segmentos de ingresos bajos y medios, limitando severamente su capacidad de consumo«, advierte el IETSE.
En ese marco, proyecta la entidad que una familia requiere $1.876.722 para superar la línea de pobreza y $1.029.591 para no caer en la indigencia. «Estos umbrales dan cuenta del encarecimiento sostenido de las condiciones mínimas de subsistencia, reflejando un deterioro cada vez más profundo en la estructura social», analizan.
Acto seguido, el IETSE expone los resultados de la Encuesta de Hogares, que «evidencian un cuadro crítico en materia de acceso a alimentos«:
• 56,8% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria
• Entre quienes sí lo lograron, 71,4% recurrió a asistencia estatal
• 11,4% redujo su ingesta a una sola comida diaria o atravesó situaciones de hambre
• 21,2% solicitó alimentos o ayuda económica
• 21,5% se quedó sin alimentos en algún momento del mes
• 32,1% experimentó hambre, sin poder satisfacerlo
• 52,8% redujo la cantidad de comidas, eliminando principalmente la cena
• 88% financió alimentos con tarjetas de crédito, fiado o con dinero prestado
Respecto a este último dato, el IETSE lo califica como «preocupante», subrayando que «la financiación de consumo básico comienza a mostrar signos de saturación, con tarjetas de crédito al límite, incremento de pagos mínimos, un sistema de fiado con morosidad del 27% y niveles de incobrabilidad del 16,8%«.
Explica la entidad que queda en evidencia que el acceso a la alimentación deja de estar garantizado por ingresos corrientes y pasa a depender crecientemente del crédito y la asistencia pública, consolidando una dinámica de alta fragilidad social estructural.
En cuanto al comercio minorista de alimentos, el IETSE exhibe que registró una caída interanual del 8,5% en abril, «confirmando la continuidad del proceso recesivo». Y subraya que aún cuando el gasto nominal pueda sostenerse o incluso crecer por efecto de los precios, «los hogares compran menos cantidad de bienes, evidenciando una contracción real del consumo».
«La combinación de inflación persistente y deterioro del ingreso disponible explica la debilidad de la demanda interna, afectando especialmente al comercio de proximidad y a la industria nacional, sectores altamente dependientes del mercado interno», sintetiza el IETSE.
Los datos relevados muestran una economía que, si bien presenta una desaceleración inflacionaria en términos técnicos, no existen mejoras concretas para la población; ya que la baja en el ritmo de aumentos de precios convive con fuerte caída del consumo, deterioro sostenido del ingreso real e incremento en los niveles de endeudamiento para cubrir necesidades básicas.
En este marco, plantea el IETSE que «la narrativa de estabilización pierde consistencia frente a una realidad marcada por la recesión, la fragilidad social y el debilitamiento del entramado productivo«.
Concluye su informe el IETSE, como meses anteriores, alertando que «sin una recomposición del ingreso real y una reactivación inmediata del mercado interno, cualquier mejora en los indicadores inflacionarios, difícilmente se traduzca en una recuperación efectiva del bienestar económico y social«.
Informe completo:








