Por Graciela Pedraza. Las marcas dolorosas pueden abrir caminos impensables. Orquestas barriales de Alta Gracia es testimonio de eso. Niñas, niños y jóvenes en un proyecto de formación musical y artístico, inclusivo y solidario. Aquella fue una vigilia triste, recuerda. Ese primero de abril ocurría lo de siempre: un grupito de veteranos, un funcionario o dos, familiares, discursos y poco más. Gustavo Díaz pensó que a Malvinas le faltaba presencia, sonoridad, algo de música, algún evento cultural para hacerse visible en Alta Gracia, ¡una orquesta como la del Chingolo, de Córdoba!
“Cuando volví de la guerra me pasé diez años sin hablar. Volvimos hechos percha. Tampoco la gente quería preguntar, como queriendo borrar esa parte de la historia. Igual que la mayoría de los veteranos, yo me había encerrado, pero me daba cuenta de que teníamos que abrirnos a la comunidad, que no estábamos solos”. Díaz nació, vive y trabaja en Alta Gracia. Es acuariano, confiesa y se ríe, pero bien sabe que el signo los define como obstinados y tozudos, algo que a veces ayuda y otras veces no.
Cuando era un niño de siete años, “en la escuela esculpía hasta en la punta de una tiza, cualquier material me servía, me salía natural. Después, con mi hermano hacíamos maquetas, copiando modelos de aeronaves de las revistas que traía mi papá de la fábrica militar de aviones, donde trabajaba. ¡Y nos iba bien!, a los trece, catorce años ya vendíamos esas réplicas de distinto tamaño y materiales. Estábamos entusiasmadazos”.
¿Cómo unir estas situaciones?
Gustavo no tenía un mango para formar una orquesta, tampoco tenía idea de lo que era una corchea o clave de ningún tipo. Pero sabía esculpir, nunca dejó de hacerlo, y como no hablaba de Malvinas, pero Malvinas le hablaba adentro, empezó a modelar soldados, a darles forma. O vida, de alguna manera.
En 2017 y con el apoyo de otros veteranos y de la municipalidad, se inauguró en Alta Gracia, sobre avenida Alfonsín, la escultura de dos combatientes: uno sostiene entre sus brazos al compañero caído. Gustavo había visto la imagen en un libro, pero otra real presenció cerca suyo, en Puerto Fox, una escena desgarradora en la que muere un soldado de Río Cuarto.
Después, muchos pueblos querían su propia talla para la plaza, o para una avenida, ‘pero antes dígame cuánto cuesta’, y Gustavo – con una orquesta en la cabeza- les decía: diez violines. O tres teclados. O violoncelos. Dos trompetas. Flautas traversas y de las otras… De manera que los soldados que salían de sus manos, enormes figuras, toneladas de yeso, se ubicaron lejos de Malvinas pero cerca de nosotros.
Años atrás llegó del sur Soledad Maldonado, profesora de música, y empezó a organizar a las niñas, niños y jóvenes que al primer llamado se anotaron en el centro vecinal de barrio Liniers. Los instrumentos ya estaban, y la orquesta fue tomando cuerpo, al principio eran diez, quince, veinte alumnos… hoy ya suman sesenta (*) y a cargo de la dirección está Mauro Infante. Cada vez que los convocan para actuar, saben que volverán con más instrumentos de los que llevaron, porque es el reaseguro de que todos tengan el suyo; los padres firman un comodato y los estudiantes siguen la práctica en sus casas.

Nadie, con dos dedos de frente, debería preferir el sonido de un proyectil al de un piano o una guitarra. Ocurre, infelizmente. Lo vemos a diario. Locos con carnet sobran en el mundo. Pero aquí en Alta Gracia, la agrupación Orquestas Barriales se abre a otros caminos dentro del arte: clases de dibujo, pintura y escultura para todas las edades. Y más allá, como proyecto de largo alcance, se dan los primeros pasos hacia una escuela con orientación artística.
Cuenta Gustavo Díaz que además del hambre, del frío, del miedo en guardias nocturnas frente a un mar oscuro, no olvida el dolor de ver –ya rendidos- cómo los ingleses arriaban y pisoteaban nuestra bandera. La misma, aunque distinta, que levantaron los futbolistas durante el mundial, para recordarnos que la memoria no se rinde, se transmite.
(*) Instagram: orquestasbarrialesAG. Consultas: 3547-655401. Ensayos: Salesianos Alta Gracia Tucumán 437.








