El 51% de las familias no estaría en condiciones de afrontar un gasto extraordinario de 150 mil pesos

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El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) dio a conocer su informe de agosto que, si bien midió una inflación del 1,8%, inferior al 2,1% de julio, advierte que no se trata de una «recuperación consolidada del poder adquisitivo ni una mejora generalizada de las condiciones materiales de los hogares». Por el contrario, a lo largo de agosto, el 28% de los hogares manifestó haber tenido que pedir dinero prestado para afrontar gastos básicos, un punto porcentual más que el mes anterior. La compra de alimentos y el pago de deudas preexistentes fueron los principales destinos de las deudas contraídas por las familias.

La coyuntura relevada por el instituto estadístico del Centro de Almaceneros de Córdoba identifica una «coyuntura caracterizada por una moderación del proceso inflacionario, aunque coexistente con una situación todavía compleja en materia de ingresos reales, acceso a bienes esenciales, fragilidad financiera de los hogares y desempeño de la actividad comercial».

Respecto a la inflación, concretamente, acumula un 21,4% desde comienzos del año y en agosto se incrementó un 33,3% interanual.

Precisó el IETSE que la desaceleración del octavo mes del año estuvo influida, entre otros factores, por la moderación observada en Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, rubro de mayor ponderación dentro de la estructura de consumo de los hogares, que registró una variación del 1,6%. También se ubicaron en ese nivel Vivienda, Agua, Electricidad, Gas y Otros Combustibles.

En tanto, rubros sensibles como Salud (2,1%), Equipamiento y Mantenimiento del Hogar (2,2%), Bienes y Servicios Varios (2,2%) y Bebidas Alcohólicas y Tabaco (2,3%) mostraron incrementos superiores al promedio general.

«La desaceleración inflacionaria constituye una señal favorable, pero no implica todavía una recuperación consolidada del poder adquisitivo ni una mejora generalizada de las condiciones materiales de los hogares. La evolución de las canastas básicas, el endeudamiento para gastos corrientes y la necesidad de financiar la alimentación muestran que la vulnerabilidad social continúa siendo un componente central de la actual coyuntura», expresa el informe.

Situación alimentaria

«Durante Agosto, una familia tipo necesitó $2.034.194 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y no ubicarse por debajo de la línea de pobreza. A su vez, requirió $1.108.074 para acceder al conjunto mínimo de alimentos esenciales correspondiente a la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y superar la línea de indigencia», expuso el IETSE y apuntó: «Aún en un contexto de desaceleración mensual de los precios de los alimentos, el costo acumulado de la alimentación básica continúa ejerciendo una presión considerable sobre los presupuestos familiares».

Los indicadores de seguridad alimentaria profundizan este diagnóstico: «El 57,4% de los hogares manifestó no haber podido alcanzar satisfactoriamente la Canasta Básica Alimentaria. Del 42,6% que sí logró hacerlo, una proporción significativa -71,5%- señaló haberlo conseguido con algún tipo de asistencia estatal, principalmente a través de la Asignación Universal por Hijo, Tarjeta Alimentar y otras prestaciones nacionales, provinciales o municipales».

Describe el informe que la problemática no se limita a la capacidad de compra, sino que se expresa directamente en las estrategias de reducción del consumo: El 38,8% de los hogares manifestó que, durante los últimos 30 días, algún adulto debió reducir la cantidad de comida consumida para que los alimentos alcanzaran para el resto de los integrantes del hogar. La situación adquiere una dimensión especialmente sensible en los hogares donde residen niños, niñas y adolescentes: el 28,3% declaró que durante Agosto algún menor tuvo que reducir la cantidad de alimentos consumidos por falta de dinero, registrándose un incremento de 0,6 puntos porcentuales respecto de julio.

«Estos resultados constituyen una señal de alerta. Cuando las restricciones económicas comienzan a impactar sobre la cantidad de alimentos consumidos, la problemática trasciende la reducción de gastos discrecionales y alcanza una dimensión estructural vinculada con la seguridad alimentaria, la calidad nutricional y la capacidad de los hogares para sostener condiciones mínimas de bienestar», analiza.

Endeudamiento

A lo largo de agosto, también, el 28% de los hogares manifestó haber tenido que pedir dinero prestado para afrontar gastos básicos, un punto porcentual más que en julio.

Entre quienes recurrieron al endeudamiento, el principal destino fue la compra de alimentos (25,3%), seguido por el pago de deudas preexistentes (20,1%), otras necesidades básicas (17,8%), alquiler (17,1%), servicios (7,7%), medicamentos (7,3%), transporte (3%) y educación (1,7%).

«Este comportamiento confirma que el endeudamiento de los hogares, como lo venimos repitiendo, ya no constituye exclusivamente una herramienta destinada a financiar bienes de mayor valor o inversiones familiares, sino que se encuentra crecientemente vinculado con la sostenibilidad del consumo cotidiano«, remarca el IETSE.

Otro indicador que cita el informe para dar cuenta de la fragilidad financiera que atraviesan las familias es la reducida capacidad de resistencia ante una interrupción de los ingresos habituales: Si perdieran repentinamente sus fuentes de ingresos, el 61% de los hogares considera que podría sostener sus gastos corrientes durante menos de una semana. El 33% podría hacerlo entre una semana y un mes; apenas el 4% entre uno y tres meses, y solamente el 2% podría superar los tres meses.

Del mismo modo, frente a un gasto extraordinario aproximado de $150.000, el 51% manifestó que directamente no podría afrontarlo, mientras que el 40% debería solicitar dinero prestado. Solo el 6% recurriría a sus ahorros y apenas el 3% dispone de fondos propios específicamente reservados para este tipo de contingencias.

En materia alimentaria, el indicador más significativo es que el 88,7% de los hogares manifestó haber debido financiar alimentos durante los últimos 30 días. Las principales modalidades fueron: el 38,7% debió comprar al fiado en uno o varios comercios cercanos; el 37,3% recurrió a la tarjeta de crédito; el 12,7% tuvo que adquirir alimentos con dinero prestado (modalidad que aumentó 1,4 puntos porcentuales respecto al mes anterior); y el 9,3% no necesitó financiar alimentos.

Alerta el IETSE que la expansión del financiamiento alimentario constituye uno de los fenómenos más relevantes de la actual coyuntura social; y que la alimentación, que debería estar sostenida prioritariamente por ingresos corrientes, se encuentra crecientemente atravesada por mecanismos de crédito, deuda comercial y préstamos informales o familiares.

Esta dinámica plantea un riesgo adicional: «La postergación del problema de ingresos mediante endeudamiento puede aliviar temporalmente la restricción de consumo, pero compromete la capacidad financiera futura de los hogares, especialmente cuando una parte creciente de los recursos debe destinarse posteriormente a cancelar obligaciones acumuladas».

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