El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) del Centro de Almaceneros dio a conocer que, consolidando una dinámica inflacionaria que se mantiene en torno al 3% mensual, la inflación mensual de marzo fue del 3,3%. De esta manera, el incremento de precios acumula un 9,2% en lo que va del año, confirmando una tendencia que «se estabiliza en niveles que continúan erosionando el poder adquisitivo». Con preocupación, alerta el informe que la inflación se concentra en bienes y servicios esenciales, afectando de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos, restringiendo severamente su capacidad de consumo y profundizando la pérdida de bienestar.
Detalla el IETSE que el rubro «Alimentos y bebidas no alcohólicas» mostró en marzo una leve desaceleración respecto al mes anterior, aunque registró una suba del 3,6% (por encima del promedio inflacionario), impulsado principalmente por alzas en productos básicos: azúcar (+7%), lácteos (+5%), aceites (+4%) y harinas y farináceos (+4%).
Registra el informe que el factor crítico en la dinámica inflacionaria lo aporta el fuerte incremento en combustibles, que tuvo un alza promedio del 23% durante el mes, generando un impacto transversal sobre toda la estructura de costos de la economía.
En tanto, otros rubros que presionaron sobre el nivel general de precios, por encima del promedio, fueron Educación (+7%), Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (+5,6%) y Prendas de vestir y calzado (+3,5%).
Analiza el IETSE, en este sentido, que «la inflación mantiene un sesgo claramente regresivo: se concentra en bienes y servicios esenciales, afectando de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos, restringiendo severamente su capacidad de consumo y profundizando la pérdida de bienestar«.
Estimó el Instituto del Centro de Almaceneros que en marzo una familia tipo requirió $1.008.414 para cubrir la canasta básica de alimentos (CBA) y no caer en la indigencia, mientras que necesitó $1.828.629 para solventar la canasta básica total (CBT) y ubicarse por encima de la línea de pobreza. «Estos valores reflejan el creciente costo de acceso a condiciones básicas de vida y evidencian la magnitud del deterioro social», concluye el IETSE.
A continuación, reproduce el informe algunos resultados de la Encuesta de Hogares, que «continúan mostrando un escenario alarmante en materia de seguridad alimentaria«: el 56,7% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria; entre quienes sí lo lograron, 71,2% dependió de asistencia estatal; el 11,2% redujo su alimentación a una sola comida diaria o atravesó situaciones de hambre; el 20,8% solicitó alimentos o ayuda económica; el 21,3% se quedó sin alimentos en algún momento del mes; el 31,8% experimentó hambre no satisfecho; el 52,6% redujo la cantidad de comidas, eliminando principalmente la cena; y el 88,3% financió alimentos mediante endeudamiento (tarjetas, fiado o préstamos).
«Lejos de tratarse de situaciones aisladas, estos indicadores configuran un patrón estructural de deterioro, donde el acceso a la alimentación depende crecientemente del crédito y de la asistencia pública, consolidando un esquema de alta vulnerabilidad social», analiza el Centro de Almaceneros.
Paralelamente, expone el informe también que el comercio minorista de alimentos registró en febrero una caída interanual del -8,1% en volumen, reflejando una contracción sostenida del consumo real. Detalla el IETSE que este dato evidencia que los hogares están comprando menos cantidades, aun cuando el gasto total pueda incrementarse por efecto de la inflación.
«La combinación de inflación persistente y deterioro del ingreso real explica la debilidad de la demanda interna, comprometiendo cualquier proceso de recuperación económica con impacto social amplio», advierte el informe.
Y concluye, repasando que en virtud de los datos relevados, la inflación persiste en niveles elevados, el consumo se contrae en términos reales, el poder adquisitivo continúa en franco deterioro y la seguridad alimentaria presenta niveles críticos. «Frente a este escenario, las caracterizaciones optimistas sobre consumo y endeudamiento no encuentran respaldo en la evidencia disponible, mostrando una brecha creciente entre la dinámica económica real y su interpretación oficial«, expresa finalmente el IETSE, en relación a ciertas expresiones por parte del Gobierno Nacional, en particular el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo.
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