A partir de un relevamiento realizado en las 23 provincias argentinas y la Ciudad Autónoma de buenos Aires, el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) expuso un preocupante nivel de endeudamiento de los hogares, cuya evolución «compromete tanto la capacidad de consumo como el ingreso disponible, la estabilidad patrimonial y las perspectivas de recuperación económica de una parte significativa de la población».
Los datos del estudio confrontan la prédica del Gobierno Nacional de que el endeudamiento de las familias constituye un fenómeno asociado exclusivamente a situaciones individuales, transitorias o coyunturales.
En primer término, indica el IETSE que la magnitud del fenómeno sigue por encima del 90%: en este caso, alcanza al 92,3% de los hogares argentinos, frente al 91,7% que se relevó en marzo de este año y el 91% de mayo de 2025 y el 93% de julio 2024.
Sin embargo, advierten que «detrás de ese porcentaje prácticamente constante se produjo una modificación sustancial en la cantidad, antigüedad, condición y capacidad de pago de las obligaciones asumidas»; lo que significa que «el problema no se encuentra solamente en cuántos hogares tienen deudas, sino en qué tipo de endeudamiento acumulan y en qué condiciones pueden afrontarlo«.
Una parte importante de las mediciones habituales sobre endeudamiento y morosidad se construye fundamentalmente a partir de información proveniente del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El presente informe incorpora esa dimensión, pero además releva aquellas obligaciones que se encuentran fuera de los registros y circuitos de información del BCRA y la conclusión es alarmante: «Del total de las deudas relevadas, el 50,7% corresponde a obligaciones deducibles mediante información del BCRA, mientras que 49,3% corresponde a deudas que no resultan deducibles a partir de esa fuente de información«.
Dentro del primer grupo se encuentran: 31,1% de Tarjetas de Crédito; 10,2% de Préstamos de Billeteras Virtuales, Financieras y Prestamistas Regulados; y 9,4% de Obligaciones con Entidades Bancarias (excluidas las tarjetas de crédito).
En tanto, el resto que queda por fuera de ese universo es el siguiente: 13,3% de Fiado en Comercios de Proximidad; 12,5% de Alquileres de Vivienda; 8,5% de Impuestos, Tasas y Expensas; 4,7% de Préstamos Familiares, de Amistades y/o Prestamistas (no regulados); 4,3% de Servicios de Empresas Privadas; 2,2% de Educación Privada; 2% de Deudas sin especificar; y 1,8% de Servicios Públicos.
En virtud de lo detallado, analiza el IETSE que «una familia puede no aparecer altamente endeudada en los registros financieros formales y, simultáneamente, encontrarse sometida a una fuerte presión económica por alquileres, servicios, impuestos, fiado, préstamos informales y otras obligaciones».
En ese marco, agrega el informe otro dato preocupante, que da cuenta del agravamiento del fenómeno del endeudamiento familiar: en agosto 2026, el 28,4% de los hogares endeudados acumula más de tres deudas, frente al 23,5% de marzo 2026, 12% de mayo 2025 y 8% en julio 2024. En contraste, el segmento de hogares con una única deuda se redujo a 10,8%, desde el 14,7% de marzo 2026, 23% de mayo 2025 y 35% de julio 2024.
«Esta transformación revela un desplazamiento desde un endeudamiento puntual hacia una modalidad de endeudamiento múltiple y fragmentado», sintetiza el informe y alerta que las familias dejan de utilizar una única fuente de financiamiento para comenzar a combinar tarjetas, préstamos, crédito informal, fiado, obligaciones de vivienda, servicios y otras alternativas: «La multiplicación de acreedores y vencimientos aumenta la complejidad financiera del hogar y reduce progresivamente su margen de maniobra«.
En cuanto al estado de las obligaciones, se reconoce un severo deterioro: en agosto 2026, 88,9% de las deudas relevadas se encuentra impaga o incumplida. El indicador era de 81,8% en marzo 2026, de 76% en mayo 2025 y 63% en julio 2024. En paralelo, las deudas que se encuentran en vía judicial alcanzan 41,3%, frente al 34,5% de marzo de este año, 28% de mayo 2025 y 22,2% de julio 2024. Mientras tanto, las obligaciones en condición regular representan apenas el 11,1%, frente al 18,25% registrado cinco meses antes.
Acto seguido, el informe alerta que «la deuda comienza a absorber una parte excesiva del ingreso», al describir que este mes, el 44% de los hogares destina más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago de deudas. Este porcentaje era de 38% en marzo, 28% en 2025 y 18% en 2024. Este dato implica que «disminuye el dinero disponible para alimentación, vivienda, educación, salud, transporte, recreación, ahorro e inversión«.
«Por ello, el endeudamiento deja de ser únicamente una variable financiera y se transforma en una variable que condiciona directamente la calidad de vida y las decisiones económicas cotidianas de los hogares», subrayan.
Tal como se viene exponiendo en los últimos meses, además, se observa que el 62,5% del uso de las tarjetas de crédito está destinado a la compra de alimentos, frente al 61% de marzo 2026, 58% en 2025 y 54% en 2024.
«Cuando el crédito se utiliza principalmente para financiar bienes durables, inversión, emprendimientos o consumos extraordinarios, puede funcionar como una herramienta de expansión de las posibilidades económicas del hogar. Cuando se utiliza para adquirir alimentos, revela una situación diferente: el crédito pasa a complementar un ingreso que resulta insuficiente para cubrir necesidades esenciales», analiza el informe.
«Desde una perspectiva estrictamente económica, resulta insuficiente interpretar la situación únicamente como consecuencia de decisiones individuales de endeudamiento o como un fenómeno circunscripto a relaciones contractuales entre particulares», expresan desde el IETSE y consideran necesario incorporar al análisis el contexto macroeconómico y las decisiones de política económica que afectan la capacidad de pago de los hogares.
«La modificación de los subsidios a tarifas de servicios públicos, por ejemplo, incrementó el peso de los gastos fijos sobre los presupuestos familiares, reduciendo el ingreso disponible para otras necesidades. Del mismo modo, cuando la evolución de los salarios queda persistentemente por debajo del aumento de los costos que enfrentan los hogares, se produce una reducción del poder adquisitivo real. En ese contexto, aun cuando la inflación desacelere, la pérdida acumulada de capacidad de compra puede continuar condicionando la solvencia familiar. Por ello, el endeudamiento no debe analizarse exclusivamente desde el comportamiento del deudor. También debe estudiarse la relación entre ingresos, precios, tarifas, salarios, empleo, crédito y condiciones de acceso al financiamiento«, postulan.








