Sostenibilidad ambiental: una dimensión necesaria para pensar el futuro de la producción

0
Imagen: Xoana Villalba

Por Marcelo Riol – Agustín Devia, Licenciado en Gestión Ambiental y especialista en suelos, abordó la necesidad de integrar la perspectiva ambiental en la agronomía moderna para asegurar el desarrollo territorial. Durante el II Encuentro de Agroecología Y Regeneración, llevado a cabo en Alta Gracia en agosto de 2026, destacó que la agroecología ofrece herramientas sólidas para proteger el capital natural, recuperar la salud del suelo y revalorizar el paisaje rural como un patrimonio cultural vivo que fortalece los lazos comunitarios.


Devia, que además preside CIMPAR (Comisión Público-Privada para la Sustentabilidad Ambiental), expuso una visión integradora sobre el rol de la agronomía actual. El especialista sostuvo que «la perspectiva ambiental debe formar parte de todas las disciplinas que configuran el territorio, asignándole a la agronomía un papel central en este proceso». En ese sentido, clarificó que «resulta imposible sostener la producción en el tiempo sin sistemas saludables, independientemente de cuáles sean las prácticas más adecuadas para cada región o modelo productivo». Según sus palabras, el estado de los ecosistemas y de los recursos naturales es el factor que determina el éxito y el equilibrio entre las dimensiones productiva, ambiental y social de un territorio. Para Devia, «estos conocimientos científicos abren un debate urgente sobre las formas de producir, el nivel de dependencia de insumos externos y las consecuencias a mediano y largo plazo, advirtiendo que la mirada ambiental no debe verse como una enemiga de la producción, sino como una dimensión indispensable para su propia sostenibilidad.»

Al profundizar en la transición hacia sistemas agroecológicos, el Presidente de CIMPAR recordó que, si bien la discusión tomó fuerza en las últimas dos décadas, muchas de estas prácticas se basan en conocimientos antiguos de comunidades que aprovechaban los recursos y la diversidad del territorio. Explicó que «la fortaleza del enfoque actual radica en proponer principios que buscan el equilibrio del agroecosistema sin descuidar la producción de alimentos». No obstante, al analizar la viabilidad de implementar estos modelos a gran escala, señaló que intervienen factores económicos y de ordenamiento territorial. Desde la perspectiva económica, observó que «las empresas suelen priorizar la rentabilidad inmediata y los resultados a corto plazo, lo que genera una fuerte dependencia de insumos externos». Ante esto, planteó el desafío de incluir en la ecuación la conservación del capital natural, especialmente el suelo, e invitó a los tomadores de decisiones a reflexionar sobre la conveniencia de maximizar las ganancias inmediatas si eso compromete la capacidad productiva futura. Sostuvo que mantener un suelo sano y funcional es, en definitiva, resguardar el propio capital de la empresa.

En el plano territorial, Devia describió la profunda transformación de la ruralidad, donde el éxodo hacia las ciudades llevó a una dependencia extrema de la mecanización y los paquetes tecnológicos. Por ello, argumentó que una transición agroecológica real también exige debatir cómo se organiza y habita el territorio. Afirmó que existe evidencia científica de que ciertas prácticas agroecológicas recuperan las propiedades del suelo, potencian la biodiversidad y aumentan la resiliencia productiva, aunque aclaró que este modelo demanda un alto nivel de conocimiento, compromiso y responsabilidad. Asimismo, enfatizó que no se debe perder de vista la seguridad alimentaria, la cual exige garantizar no solo la cantidad de los alimentos, sino también su calidad e inocuidad.

Finalmente, el experto abordó el impacto social y cultural de la agroecología, explicando que esta disciplina concibe la producción aprovechando las relaciones del ecosistema y promoviendo la circularidad de los materiales. Esto se traduce en una mayor diversidad biológica y un uso eficiente del agua. Más allá de lo técnico, destacó el valor de recuperar los saberes locales transmitidos de generación en generación, lo que transforma al paisaje rural en un patrimonio comunitario vivo. Aunque advirtió que no se debe idealizar la agroecología, ya que demanda mayor dedicación y trabajo que los sistemas mecanizados, concluyó que su verdadero valor reside en obligarnos a planificar la producción como un sistema amplio, donde producir, conservar los recursos y sostener a las comunidades sean metas que dialoguen permanentemente.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí