El 89% de las familias financia la compra de alimentos con tarjetas de crédito, dinero prestado o pidiendo fiado

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El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) informó que en junio la inflación fue del 1,87%. Si bien consideran que se trata de un auspicioso dato macroeconómico, advierten que no se traduce en una recuperación efectiva del bienestar de los hogares ni de la actividad económica y que uno de los aspectos más preocupantes es el creciente deterioro del financiamiento y del crédito destinado al consumo básico.

En cuanto a la desaceleración de la inflación y al dato de junio, que constituye la variación mensual más baja de los últimos once meses, explicaron desde el IETSE que responde, principalmente, a una menor incidencia de los ajustes tarifarios en los servicios públicos y al comportamiento del rubro «Alimentos y Bebidas no Alcohólicas», componente de mayor ponderación dentro del índice.

Hacia julio, adelantaron que «será determinante monitorear la evolución del mercado cambiario», subrayando que «eventuales fluctuaciones del tipo de cambio podrían trasladarse a los costos de producción y reposición, alterando la trayectoria descendente de la inflación, particularmente en el segmento de alimentos».

Según el relevamiento del IETSE, la inflación acumulada del primer semestre de 2026 alcanza el 16,9%, mientras que la variación interanual se ubica en 33,1% respecto a junio de 2025.

En virtud de los datos revelados por el IETSE, una familia requirió en junio ingresos por $1.070.289 para no caer en la indigencia y $1.957.700 para no ser pobre.

La Encuesta de Hogares que realiza la entidad, a su vez, expone un «escenario de elevada vulnerabilidad social y alimentaria«.

Entre otros datos, revela que el 56,6% de los hogares manifestó no haber logrado cubrir adecuadamente la Canasta Básica Alimentaria; y que entre quienes sí consiguieron acceder a dicha canasta, el 71,2% necesitó complementar sus ingresos mediante programas de asistencia estatal.

Asimismo, se expone que el 11,4% de los hogares redujo su alimentación a una sola comida diaria o atravesó episodios concretos de hambre; el 21,6% debió solicitar alimentos o asistencia económica a familiares, amigos o personas de su entorno cercano; el 21,8% declaró haberse quedado sin alimentos en algún momento del mes; el 32,4% experimentó situaciones de hambre sin posibilidad de satisfacerlas oportunamente; y el 53,2% redujo la cantidad diaria de comidas, siendo la cena la principal comida eliminada.

Y el dato más sobresaliente de la encuesta da cuenta de que el 89% de las familias financió la compra de alimentos: 39,3% mediante compras al fiado; 38,4% utilizando tarjetas de crédito; y 11,2% recurriendo a dinero prestado.

«Apenas 10,1% logró adquirir alimentos sin necesidad de financiamiento», concluyó el IETSE, que detalló que las tarjetas de crédito presentan elevados niveles de utilización y un incremento sostenido de hogares en situación de mora; y que, paralelamente, el sistema de ventas al fiado, tradicional mecanismo de financiamiento en el comercio de proximidad, exhibe actualmente una morosidad del 28% y una incobrabilidad del 17,7%; «indicadores que comprometen simultáneamente la sostenibilidad financiera de los hogares y la continuidad económica de numerosos comercios minoristas».

Informe completo:

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