Nacido en Villa Dolores y afincado hace casi una década en Villa Los Aromos, José Luis Aguirre es un cantor cuya voz propia se abre camino dentro de la música popular argentina, como parte de un movimiento de renovadoras expresiones artísticas. En esta entrevista con el programa «Tarde para Tirar la Toalla» de la Radio Tortuga 92.9, repasa su biografía y analiza este fenómeno cultural que cuenta con un importante acompañamiento del público.

RADIO TORTUGA (RT): ¿Podríamos decir que sos un cantautor serrano?

JOSÉ LUIS AGUIRRE (JLA): No, yo soy cantautor de mi propio mundo y de mis propias cosas. Me tocó nacer en un lugar donde hay montañas y donde hay gente que vive en lugares maravillosos que he ido a visitar y eso me ha dado la impronta de cantarle a la tierra. Pero siempre digo que uno es lo que es, y me gustaría sentirme simplemente un cantor que nació en un lugar y le canta a ese lugar, pero sin ningún mote ni título.

EL CAMINO DE HACERSE CANTOR

RT: ¿Cómo te acercaste a la música? ¿Cómo se fue gestando tu interés por las canciones?

JLA: Villa Dolores es una ciudad que tiene mucha música. En mi familia hay muchos cantores y cantoras naturales. Algunos que se dedicaron, como mi tío que me enseñó a tocar la guitarra. Tenía alma de docente mi tío, nos enseñó a cantar a mí y a todos mis primos. Dos nos dedicamos a la música y ahora hay otros cantores y cantorcitos más chicos, nietos de él, a los que les enseña y que están cantando en las peñas. Él fue el que nos enseñó música de lo que sucedía naturalmente al juntarse a comer los domingos, cantar; y así íbamos aprendiendo. En lo personal, el arte siempre ha sido algo muy profundo para mí, algo que me ha llamado la atención. Quizás no haya sido necesario que hubiera alguien para enseñarme, porque me gustaba mucho dibujar, hacer esculturas. De hecho todavía sigo pintando y escribiendo. De esa parte del arte no había en mi familia. Pero sí estaba la necesidad de acercarse, y eso se lo agradezco mucho a mi viejo y a mi familia. Si no era con el arte, era con el deporte o con algo. Siempre ellos estaban apoyando.

RT: Y con esta sensibilidad por lo artístico en tan diferentes ramas, ¿por qué empieza a tener un poco más de preponderancia lo musical?

JLA: Por ahí uno tiene que decidir entre todas las cosas que se le presentan y el oficio de cantor muchas veces se expresa en cuestiones materiales, para poder llevar tu vida adelante con lo que te gusta. La música tiene esa facilidad. Aun así, no ha sido sencillo, puesto que yo he elegido un oficio de cantor y de expresarme desde la creatividad personal, las canciones escritas, el pensamiento que en cierto caso plantea críticas a la realidad. Siempre soy agradecido a la música, porque me dio un oficio, me permitió mantener a mi familia y poder sostenerme en este mundo en el que el arte muchas veces se comercializa o encuentra otras maneras… En paralelo, siempre he estado escribiendo, dibujando. Elegí la canción porque conjuga dos artes que me gustan mucho, que son la poesía y la música. Ahí resumí un poco esas dos pasiones. Siempre estoy muy agradecido a la música por tener una vida cercana a lo que uno se imagina como oficio, que es hacer lo que ama. Sabiendo que, como todo, tiene su dorso, sus noches largas, su lejanía, con las que también hay que aprender a convivir.

RT: Por fuera de esa motivación familiar, ¿qué artistas fueron conmoviéndote en tu temprano descubrimiento como cantor?

JLA: En un principio, no había otro mundo que el de la música folklórica. Como niño no conocía otras cosas. Después, de grande, fui conociendo a otras personas que incentivaron mi creatividad y mis ganas de descubrir otras cosas. Pero en principio, le debo ese incentivo al cancionero popular argentino, que fue lo que me transmitió mi tío: esas canciones clásicas que siempre han estado. Desde Yupanqui a Jaime Dávalos, Eduardo Falú. Después fui descubriendo a otros como Silvio (Rodríguez), Joan Manuel Serrat, (Alfredo) Zitarrosa. Mercedes Sosa me marcó mucho. Toda gente que me abrió camino a otros músicos como Violeta Parra; toda la uruguayada, los locos del candombe, (Eduardo) Mateo; la bossa nova y la música brasilera, con Caetano (Veloso) y Gilberto Gil, Vinicius de Moraes. Y después, descubriendo el rock con Bob Dylan, los Beatles. A mí me gusta la música hecha de corazón, sin que tenga un rubro.

RT: ¿Tus primeros escenarios cómo fueron?

JLA: Con mi primo Nelson, que es el cantante de “La Konga”, el grupo de cuarteto. Teníamos un dúo de niños que se llamaba “Los Hermanitos Aguirre”, con el que tocábamos en concursos, en las fiestas patronales, en los bomberos. Con él hicimos un camino. Después pasé por muchos grupos; a los 18 o 19 años separamos rumbos. Con él compartimos escenario en la niñez y la adolescencia, compartimos grupos. Después la vida nos llevó por diferentes caminos, pero ha sido mi gran compañero de inicio.

RT: ¿Cuándo y cómo llegaste a Córdoba desde Villa Dolores?

JLA: A los 24 o 25 ya estaba en Córdoba. Había viajado por Mina clavero y Los Hornillos, dando clases. Entonces tuve mi momento de despegue. En ese momento creía que tenía que estar en Córdoba para hacer mi carrera… en ese momento hablaba de eso. Era ir a ver, estudiar, probar. Empecé a tocar en el Comedor Universitario con “Los Nietos de Don Gauna”, que era una banda de amigos de Villa Dolores, con los que anduvimos bastante. Cuando nació mi hija Eluney, la más grande, vinimos a vivir para acá (Villa Los Aromos).

UNA MANERA DE VER Y CUIDAR EL MUNDO Y LO ESENCIAL

En los últimos años, el trabajo de José Luis Aguirre trascendió las fronteras y de la mano de aplaudidas performances en el escenario mayor del Festival de Cosquín, acumuló numerosos elogios a nivel nacional. El más reciente y más resonante reconocimiento ha sido el premio «Gardel» en la categoría «Mejor Álbum Artista de Folklore» por su trabajo «Chuncano», que recibió en 2020.

RT: Este devenir que has tenido en los últimos años, con mucho reconocimiento y escenario, y consolidando una voz propia que muchas veces no se alinea con los estándares de la Industria, ¿te fue sorprendiendo? ¿Cómo fuiste tomando este crecimiento, incluso dentro de una generación que en la región comparten peñas? ¿Cómo viviste esa mayor exposición?

JLA: Aprendiendo y sorprendiéndome de algunas cosas hermosas, muchas oportunidades de juntarme con otros artistas que ya son hermanos del camino, muchas amistades a través de la música. Compartiendo y afianzando maneras de mirar el mundo, de encarar proyectos y de sumar a la realidad con canciones y arte. En eso ha sido muy generosa la música y la vida. Pertenezco a una generación de artistas que plantea una manera de hacer la música desde una ideología, desde una manera de ver y cuidar el mundo y lo esencial. Todo eso ha generado exposición, con sus cosas lindas y con sus cosas por aprender. Para mí, la música ha sido siempre algo sorprendente. Descubrir que la música no es solamente cuando uno sale a tocar, el escenario, las notas, los viajes. Que es algo más sagrado y profundo, que se da de entrecasa, en lo cotidiano. Por eso a la música la cultivo todos los días, como quien cuida su huerta, su cuerpo, su intelecto. A mí me gusta el arte como algo que ancla los días y ayuda a transitar la existencia de una manera bonita.

Paralelamente al reconocimiento que viene adquiriendo en la industria musical, José Luis Aguirre, y el movimiento de música popular del que se siente parte, vienen contando con un acompañamiento importante por parte del público; incluso llenando bulliciosamente la platea del Festival de Cosquín; y de alguna manera, validando esta nueva propuesta. Ante esto, reflexiona: “La gente se identifica con lo que siente natural, con lo que va necesitando. Los artistas formamos parte de una manera de mirar el mundo y la realidad, como otros lo hacen desde una feria agroecológica, otras ramas del arte, la política, el pensamiento filosófico, la cocina. Hay una manera de entender la realidad y buscar la verdad propia en la que se siente identificado. Hay mucha gente, no sé si el gran público, pero hay un hermoso público que viene a buscar las canciones nuevas, a escuchar una canción que lo haga pensar o con la que se sienta identificado, porque es su manera de vivir la cotidianeidad. Y ahí estamos nosotros, que somos un brote de gente que antes que nosotros planteó esta manera de mirar el mundo”.

«QUERENCIA SERRANA»

Hace unos días falleció Raúl Godoy, maestro de danzas folklóricas, con quien José Luis Aguirre compartió un proyecto impulsado por el Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia que, años atrás recorrió pueblos y escuelas serranas, con talleres de canto, poesía y danza, de los que se desprendió un disco titulado “Querencia Serrana”.

“Raúl fue un maravilloso hacedor de cultura, docente y transmisor de la danza, con una visión re amplia y con un corazón inmenso”, introdujo José Luis Aguirre al ser consultado sobre Godoy, todavía absorto al enterarse al mismo tiempo de la noticia de su fallecimiento. Y relató, como hurgando en su memoria: “Nos íbamos con Susi (Freisz), con Raúl (Godoy), con Olga (Bartolomé), con Mariano (Giosa), nos metíamos en las escuelas rurales a escuchar a la gente y los niños de las escuelas. Hacíamos talleres de crear canciones, para seguir manteniendo viva la lengua originaria de la gente serrana. Grabamos un disco con canciones creadas por la gente del lugar, coplas que escribían los chicos y mandaban los padres. Aprendimos a bailar con la gente. Fue una época re linda. Raúl fue un hermoso compañero de esos días”.

MOMENTO PROFUNDO Y SAGRADO

Finalmente, a la hora de describir su presente artístico, José Luis Aguirre enumera que está escribiendo con la idea de varios libros próximos a salir. “De creatividad, de poesía, de cuentos”, apunta. Cuenta además que sigue con sus ensayos musicales en la ciudad de Córdoba con un trío, preparando canciones nuevas; y que está preparando un espectáculo para tocar solo y una orquesta para hacer música con gente de Traslasierras. Precisamente, alude, en estos días, su vida se reparte de uno y otro lado de los cordones serranos, entre Los Aromos y Villa Dolores. También está dando talleres de creatividad de canciones y ha comprado un atril para seguir pintando y haciendo xilografía. “Además, soy padre, tengo amistades”, incorpora en la lista y filosofa que “el arte es un momento profundo y sagrado que no aparece todo el tiempo”; para concluir que “el proceso creativo no está desligado de nada”. Como apagando una canción, despide la charla, explicando que su manera de hacer es algo íntegro: “Si ando en bici, cocino, atiendo a mi hija, viajo; estoy creando”.

Escuchá la entrevista completa a José Luis Aguirre:

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