Crónicas de Aldea: Doña Rosario, la niñera del Che

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*Por Hugo de Pascuale. 

La tarde va cayendo cuando cruzamos la calle en el barrio sur de Alta Gracia. En la puerta de un pasillo alguien se ofrece a preguntar a la dueña de casa. Tarda poco, tal vez sólo un par de minutos y nos informa que Rosario Armanda González va a recibirnos. Recorremos el pasillo y llegamos a un porche resguardado por algunas plantas en macetas, alguna de ellas una vieja hervidera, ya cacharro.

Se me antoja que hay un geranio blanco y lo busco con la mirada pero no llego a saberlo, ella abre la puerta cancel y nos invita a sentarnos. Un largo palo de escobillón con pocas hebras en su base es el sostén necesario para su columna. Cuando nos habla me enfrento con su mirada franca y firme inevitablemente velada por la niebla de cataratas, pero la aparente fragilidad se diluye en su voz que afirma con contundencia.

Ha tenido que trabajar toda su vida y eso se evidencia; no me atrevo a decir en esta nota que ella es una anciana. Pongo la palabra y se antoja una falta de respeto. Vamos a entrevistar a una mujer, a una luchadora, y esta última palabra sí le cuadra. Aprieto la tecla roja del grabador y pregunto:

¿Cómo conoció a los Guevara?

El verdulero ambulante que solía pasar por la casa de mi madre avisó que en el alto precisaban una cocinera así que a la mañana siguiente me presenté y en esa casa me quedé los cinco años siguientes. Ernestito tenía justamente cinco añitos y aquella mañana el estaba en el patio con un libro en la mano. Los recuerdos mas lejanos que tengo son los de ayudarlo en sus ataques de asma. A veces se quedaba por largas horas en su habitación por su estado de salud precario pero no en la cama porque la cama no le gustaba. También a veces se hincaba en el suelo y ponía sus coditos así apoyados en una mesa mas bajita para sostenerse.

Acaso esa fuera la forma que mejor respiraba ante un ataque. Le prendían entonces un humito que era como una espiral que se iba consimiendo. Era el único remedio entonces, su pieza estaba siempre llena de ese humo.

¿Estuvo hasta los diez años del Che?

Si, estuve cinco años con ellos allí y luego me fui a vivir a Córdoba. Supe por entonces que Ernestito había ingresado al secundario en el colegio Dean Funes de la ciudad, y tengo acaso de esa época el recuerdo más importante. Yo pasaba obligadamente por allí para ir a mi trabajo seguramente pensando en mis quehaceres. Como habitualmente había grupos de muchachos, yo recordaba enseñanzas de mi madre que había tenido la universidad de la vida guardando su consejo de que cuando caminase por donde había una reunión teníamos que ser nosotras las que debíamos apartarnos o bajar a la calle. Lo contrario según nos decía podía poner en riesgo de recibir algún comentario desagradable o guarangada.

Como digo yo bajaba a la calle cuando llegaba al colegio pero aquella vez c uando transitaba por la vereda de enfrente pude advertir que una persona se ponía a mi lado. Yo no levantaba la vista mientras aquel muchacho me decía «ya no me conocés, no me vas a saludar». Yo sólo deseaba llegar a la esquina y había preparado mi mano, pero cuando la levanté lo hice también con la mirada y allí fue que me encontré con el. Era Ernestito y valoro la acción de dejar el grupo al verme para saludarme como lo hizo.

Me abrazó y besó afectuosamente en la mejilla y cruzamos la Velez Sarsfield poniendo el la mano sobre mi hombro contandome de sus padres y la dirección en Córdoba para que fuera a visitarlos. Luego se interesó por mi vida preguntándome que estaba haciendo, cómo me iba y si me estaban pagando bien. Eso fue mucho para mí, yo había sido su sirvienta, no era una amiga, era su sirviente y el había dejado aquella reunión para contarme de su vida e interesarse por la mía. Así era Ernestito, sí era ese niño al que le debo todo.

Seguimos hablando un rato más con Rosarito y ya es de noche cerrada cuando nos vamos. Me acompaña la editora de Agenda Cultural María Inés Paloma Gonzalez con quien hemos hecho la entrevista. Yo he conocido a la Cocinera Niñera del Che.

N. de la R.: Esta nota fue publicada en el periódico Agenda Cultural de Marzo del 2004.

Rosarito niñera del che

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